Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

Fantasmas

UNA de las aficiones más notables de los españoles es la de sacar a pasear los fantasmas que deberíamos tener guardados en el armario de la Historia. Es un empeño notable el nuestro para no dar nunca por enterrados los problemas seculares del país. La situación que se vive en Cataluña -o mejor, la que vivimos en el resto de España por lo que allí puede pasar-, ha hecho que algunos de esos fantasma campen a sus anchas estos días en tertulias y medios de comunicación. Lo último ha sido desenterrar uno de los que más susto dan: la intervención de los militares en política, que de forma tan dramática y durante tanto tiempo marcaron los dos últimos siglos. Que a estas alturas del XXI todo un ministro de Defensa del Gobierno constitucional de España caiga en la trampa de sacar a relucir una posible intervención del Ejército, en el caso de que no todos cumplan con su deber tras las elecciones autonómicas del 27 de septiembre, habla del nivel que dan algunos ministros. Pero también de que todavía en una parte de la opinión pública no se han superado ciertos atavismos históricos y eso es quizás lo más preocupante. La declaración del ministro, inducida por la pregunta de un periodista, no daría para mucho más que un chascarrillo si no fuera porque da más munición a la propaganda independentista, como se ha demostrado en las últimas horas. Y el independentismo es sobre todo, y conviene tenerlo presente, propaganda y agitación de los sentimientos más primarios. Sin ir más lejos, el hecho de que hoy no sean precisamente pocos los catalanes que piensan que los andaluces estamos todo el día en el bar esperando, antes de irnos a dormir la siesta, la subvención de la Junta tiene bastante que ver con todo lo que está pasando.

En un contexto tan delicado, en vísperas de una campaña tan decisiva como la que se abre mañana para el 27-S, hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y con cómo se dice. Los militares, afortunadamente para todos, son hoy una parte de la realidad de un país que nada tiene que ver con el de hace treinta o cuarenta años. Pero el Ejército sigue siendo un absoluto desconocido para la mayor parte de los españoles, que lo único que saben al respecto es que salen con frecuencia al extranjero en misiones que nos cuestan algún muerto y que sus hijos ya no tienen que tallarse para hacer la mili. De ese desconocimiento y la de torpeza, como en este caso, del político que los dirige surgen fantasmadas que deberían sonar casi a chiste en un país que es normal desde hace mucho tiempo.

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