Llevo todo el día canta que te canta "Con las bombas que tiran los fanfarrones se hacen las gaditanas tirabuzones". Todos, hombres y mujeres en lenguaje inclusivo, tendríamos que llevar el pelo con más tirabuzones que Shirley Temple de niña. Cómo está el patio.

La epidemia de los fanfarrones nos ha venido de fuera. No hay más que ver a Trump, Maduro, Bolsonaro, o el presidente de Corea del Norte y su peluquero porque hay que tener dos pares para peinar a un hombre así. Como todo lo malo, nos ha llegado a España con fuerza y nos hemos aplicado a ello con fruición. Digamos que la epidemia inicial empieza a ser plaga bíblica.

Los fanfarrones nos hacen sentir alipori. Sánchez sale todos los viernes en su carroza de presidente en funciones a presumir y regalarnos al pueblo cositas varias para que le votemos, aunque no haya dinero y las tengamos que pagar nosotros mismos. Pablo Iglesias ha vuelto como el hombre de los perfumes presumiendo de padre y diciendo que desde que cambia pañales sabe que será mejor presidente. Qué extraño y qué tomadura de pelo. Abascal, más artista que Belmonte, más valiente que Espartero, demanda que tenemos derecho a tener un arma en casa, algo que a todo el mundo asusta y que no ha pedido nadie. A Aznar, siempre tan feíto y desleal, se le está poniendo una cara extrañísima, entre mala leche y cartón piedra tostada y, ha dicho que a él nadie le mira a la cara y le dice derechita cobarde. Rivera para rematar la faena viene a prometer algo que ya existe, para que lo conseguido antes, sea después mérito suyo, igualar las parejas de hecho a los matrimonios. De los independentistas no hablo porque esa horda viene diciendo desde hace mucho que la tiene más larga y vaya lío tienen montado.

Se que no está bonito hacer un elogio de la cobardía en estos tiempos, pero no tengo complejos. No quiero que me salven de nada ni hay nada que descubrir. Quiero simplemente que no destruyan lo que hay, que mejoremos en lo posible sin milongas ni cristalitos machacados en el estómago. Que convivamos en paz. Los fanfarrones y los salva-patrias han escrito las paginas más tremendas de la historia. Yo me quedo con la derechita cobarde, con la izquierda acomplejada y con el centro que siempre pierde. Me asustan los nacionalistas y los sin complejos. Los que quieran redoble de tambor que se vayan al circo de jefe de pista, que allí es más fácil engañar con purpurinas.

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