Yo te digo mi verdad

Exiliados, otra vez

Los peligrosos son esos que quieren expulsarnos del país, convertirnos por la fuerza, o callarnos

Duele. En los oídos, duelen como si hubieran sido disparadas a pocos centímetros, en el corazón como si se la hubieran clavado a nuestro ser más querido, y en la memoria colectiva como si alguien hubiera agitado sin piedad los recuerdos más terribles. Las balas y la navaja que se han enviado por carta a algunos políticos españoles nos duelen aunque a algunos les provoquen burlas. Provocan un dolor tan terrible que parece mentira que no esté todo el país gritando de presagios.

Afligen los envíos como mensajes agoreros y ponen una nube en la frente los intentos de quitarles importancia. Provocan miedo de país (o deberían) por el simple mensaje mortal, que no alivia la sensación de que sus remitentes sean desequilibrados, porque sabemos el mal general que puede desencadenar la acción de un fanático y porque notamos el apoyo soterrado y vergonzante de tantos. Porque peor aún que esta amenaza individual es la reacción de muchos que, dejando claro antes su condena verbal a toda violencia, recuerdan a Pablo Iglesias que él no ha condenado algunas, y de esta forma ¿qué vienen a decir, que "lo tiene merecido"?.

Mucho más dolor de país provoca la reacción de Rocío Monasterio ante el abandono del debate radiofónico por parte del líder de Unidas Podemos, y a la que se ha dado poca importancia, siendo quizá lo más estremecedor: esa terrible orden de "¡Que se vaya de España!", que por desgracia demuestra el concepto patrimonialista de algunos sobre todo un territorio, la convicción de que sólo merecen estar en él los que comulguen con su pedestre y peligrosa manera de pensar, la exigencia de exilio para quienes se atrevan a tener otras ideas, no tan distante de la de aquel militar que en un chat privado expresaba su deseo de fusilar a 22 millones de españoles.

No faltan quienes terminan culpando de todo esto al propio Iglesias e intencionadamente ignoran que las cartas terriblemente amenazantes han llegado también a dos ministros y a la directora general de la Guardia Civil.

No los locos que empuñan, ni los fanfarrones del grito que actúan como jugadores de rugby que bailan una 'haka' para atemorizar al rival, ni los que esbozan una mefistofélica sonrisa parapetados, y presumiendo de machos llaman 'llorón' al que denuncia, los peligrosos son esos que quieren expulsarnos del país, convertirnos por la fuerza, o callarnos.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios