La tribuna

Juan Carlos Campo Moreno

Evitemos el horror

EL domingo 24 de enero la organización terrorista Daesh difundió un vídeo titulado Matadlos allí donde los encontréis. Este documental muestra a sus nueve "héroes" de la noche más trágica que recuerda París. Aquel 13 de noviembre, los atentados cometidos en distintos lugares de la ville lumière dejaron 130 muertos, un reguero de heridos cercano a los 350 y un país aterrorizado. Y con ellos, toda Europa y el mundo civilizado. Desde aquel viernes, muchas han sido las acciones violentas emprendidas por la organización terrorista más activa en estos momentos. Afganistán, Turquía, el Chad, Camerún, Nigeria… han sufrido sus embestidas y otros países como Alemania, Bélgica, Rusia o EEUU han visto como el terror y el miedo se adueñaban de sus gentes. Los territorios de Siria e Iraq son su refugio.

El nuevo terrorismo no se ve como un acto aislado, sino como una inagotable secuencia. Si a estas noticias, unimos el tráfico de hombres y mujeres, si es en edades adolescentes mejor, hacia los territorios ocupados de Siria e Iraq, sus fuentes de financiación, o el uso de internet, tendríamos los elementos precisos para conocer o reconocer esta, no tan nueva, forma de terrorismo global.

Presenta un marcado carácter internacional, lo que lo convierte, como ha expresado algún autor, en una amenaza civilizatoria hasta el punto de encarnar en guerra, la nueva guerra. NNUU asumió este carácter desde los tiempos de Al Qaeda, y lo ha intensificado tras la aparición del ISIS o Daesh, que cortó los lazos con aquella y declaró, en 2014, la independencia de su grupo y su soberanía sobre Iraq y Siria, autoproclamándose califato musulmán. Esto también es novedoso, un terrorismo con territorio, siendo este factor el que les permite autodenominarse Estado.

Bastaría para constatar tal evidencia, la Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas 2178, auténtica inspiración de nuestra L.O. 2/2015, por la que se modificó el Código Penal. Es necesario atajar ese micro, no tan pequeño desgraciadamente, nacionalismo expansionista. En el Preámbulo de esa ley ya se alude a las nuevas amenazas que el terrorismo internacional plantea a las sociedades abiertas y que ponen en riesgo los pilares en los que se sustenta el estado de derecho y el marco de convivencia de las democracias del mundo entero.

La respuesta internacional se hace, como siempre ante los grandes peligros, con un adelanto de las barreras de protección y con un incremento de las penas, desdibujando los nítidos perfiles sobre los que se construyó el Derecho Penal de la modernidad. Las diferencias entre autores y cómplices desaparecen. Todo es autoría y todo es consumación. Esta legislación se inserta en una diferente concepción del Derecho Penal a la que se añade el término "enemigo". El Derecho Penal del enemigo, expresión acuñada en los noventa por Jakobs, entraña la minimización de muchas de las garantías y derechos definitorios de los procesos penales en los estados democráticos.

En este nuevo rumbo del Derecho Penal se enmarca la citada Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que participa de esa cultura del "enemigo". De hecho, el término "combatiente" se repite hasta en 54 ocasiones. Por lo tanto, la lucha contra el terrorismo yihadista se vive en un estadio de guerra.

El terrorismo yihadista presenta una estructura organizativa basada en círculos concéntricos enormemente descentralizados, recayendo el protagonismo en el movimiento global más que en las organizaciones concretas. Esta forma de operar dificulta las tareas de identificación del grupo u organización terrorista. De ahí que se potencie todo lo que hace referencia al mal llamado lobo solitario.

Como toda organización terrorista, necesita ineludiblemente recursos humanos y financieros, pero también mantener canales de comunicación para ocupar cerebros mediante el terror. Aquí internet y todas las redes sociales entran en acción. Y no sólo éstas, pues también cuenta con medios de comunicación tradicionales como la revista Dabiq, radios como la Voz del califato, o la televisión Bein HD4, entre otros.

Se nutre de un colectivo variado, hombres y mujeres, generalmente jóvenes que abrazan el yihadismo por las más diversas razones y de nacionalidades poco previsibles. La ONU estima que 22.000 extranjeros de 100 países diferentes se han unido a Daesh.

Todos somos conscientes de que la lucha contra este terrorismo solo podrá ser efectiva desde un esfuerzo global, donde la coordinación de la Justicia, de los centros de inteligencia y los cuerpos y fuerzas al servicio de la seguridad de los distintos países, deviene imprescindible. Junto a ellos, los organismos patrocinados por NNUU o más en nuestras proximidades, instrumentos como el Centro Europeo contra el Terrorismo recientemente constituido, abren camino a la esperanza.

Algo es claro, y hago mías las palabras de Mayor Zaragoza: "Es tiempo de Naciones Unidas. Tiempo de refundar unas Naciones Unidas para llenar de contenido el inicio de la Carta: 'Nosotros los pueblos… evitemos a las generaciones venideras el horror…".

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