Como bien comprendieron Coppola o Scorsese, la venganza es un espectáculo sexi. Lo hemos visto estos días en el periódico que fue el favorito de las axilas más progresistas del país, el "intelectual orgánico" cuyos editoriales hacían cuadrarse a los ministros del Felipato. Dicho medio, con el alarde tipográfico que se guarda para las mejores noticias, ha acusado a María Elvira Roca Barea de manipular e inventarse citas en su gran éxito Imperofobia, un ensayo histórico que ha vendido más de 100.000 ejemplares y que algunos han visto como un síntoma más del neopatriotismo hispano. Es más, en dicho artículo se califica a Roca Barea como "un referente del pensamiento conservador español", apreciación algo exagerada que, sin embargo, tiene la virtud de enseñarnos las intenciones del texto. Resumiendo, no se puede leer este reportaje sin contextualizarlo en las tradicionales luchas ideológicas-mercantiles del cuarto poder. Tampoco sin comprender el mecanismo de la venganza. Sólo hace unos meses, otro periódico de rancio abolengo conservador y monárquico, némesis del anterior, sacó los trapos sucios de Manuel Cruz, socialista, filósofo, ex presidente del Senado y colaborador habitual de Prisa, por plagiar a nueve autores en la redacción de su Filosofía contemporánea (manual de gran utilidad, todo hay que decirlo). La venganza es un plato que siempre se come frío, como las ostras y el caviar.

Pero volvamos a Imperofobia y a su continuación, Fracasología, con el que Roca Barea ha ganado el Premio Espasa este año que agoniza. En ambos, que no dejan de ser una respetable continuación del pensamiento castizo, se señala a la Europa rubia y hereje, con sus leyendas negras y otras fakes, como la fuente de todos los males y complejos que, desde los ilustrados hasta la actualidad, padecemos los españoles. Es una fórmula demasiado simple y mecanicista para explicar la historia de España desde 1700, pero hay ciertos aspectos de la tesis de Roca Barea a los que no les falta razón.

¿Sigue existiendo la hispanofobia en la verde Europa? Para algunos sí, y como ejemplo señalan la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre Junqueras, que, independientemente de las verdades jurídicas que pueda contener, ha alimentado el primer conato serio de euroescepticismo en España. Probablemente irá a más: el procés está demostrando una fuerte capacidad corrosiva que también afecta a la cohesión europea en los momentos del Brexit y Putin. La sentencia será ajustada a derecho, no hay quien lo dude, pero erosiona el hasta ahora sólido europeismo de los españoles.

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