Cateto a babor

Esteros carnívoros

Hay que aplaudir historias de gente que cree en lo que hace y que es capaz de esforzarse para conseguirlo

Los esteros, uno de los grandes tesoros de la provincia de Cádiz y a la vez uno de los más desconocidos, siguen dando sorpresas y la última no puede ser más llamativa ya que lleva a relacionar el mundo carnívoro con el mar, algo hasta ahora inédito en este campo si exceptuamos las famosas vacas que se pasean de vez en cuando por las playas de Zahara de los Atunes.

El talento que hay en la provincia de Cádiz, y que lamentablemente no siempre se destaca como debiéramos, surge a veces de la forma más insospechada y este es el caso del ganadero Miguel Núñez Cancela que ha conseguido un producto singular en Trebujena, un ganado vacuno cuya carne tiene un sabor muy especial al alimentarse de las plantas que crecen de forma salvaje junto a la marisma.

Miguel Núñez abre de esta manera otro campo interesante para la gastronomía gaditana. Ya sabíamos de la exquisitez de los pescados y mariscos que crecen en estas especies de piscinas naturales que están en torno a la desembocadura de los ríos, pero la actividad de este ganadero de aprovechar los terrenos de marisma para crear un nuevo producto destinado al sector gourmet parece de lo más interesante.

Núñez se ha visto un poco solo en esta aventura y ha contado tan sólo con la ayuda de su familia y de algunos amigos. Su empeño ha sido tan grande que se ha transformado incluso en cocinero para dar a conocer a los demás su novedoso producto, la carne de vacuno de lidia alimentada con plantas de marisma. Para darle mayor valor añadido a la cosa, los animales que cria son "jaboneros", una rareza en esta raza y que les lleva a tener el pelo de color beige, cuando lo habitual es que sean negros o marrones oscuros.

El ganadero, de 35 años, no ha dudado en aprender a cocinar para ponerse al frente de los fogones de Casa Lola, el bar que regenta en el centro de Trebujena y donde hace chicharrones, albóndigas o sirve bisteles de los gordos de la carne que el mismo cría en el campo, al lado del río Guadalquivir.

Creo que hay que aplaudir historias como las de Miguel Núñez, de gente que cree en lo que hace y que es capaz de esforzarse e imaginar soluciones para conseguirlo. Miguel con su trabajo demuestra con hechos los injustos que son todos esos tópicos sobre la falta de empeño de los andaluces. Por lo pronto hay que adjudicarle el invento del lado carnívoro de los esteros, otro tesoro más de esta caja de sorpresas llamada provincia de Cádiz.

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