En tránsito

Eduardo Jordá

La España del Bosco

REPASO las acusaciones contra los encausados de la trama Gürtel. "Prevaricación, fraude, exacciones ilegales a las Administraciones Públicas, malversación, estafa, falsedad en documento mercantil, cohecho, asociación ilícita, blanqueo de capitales, tráfico de influencias…" Corto antes de que se me corte el desayuno. Luego me entretengo mirando los rostros de los encausados. Casi no hay un solo defecto humano que no aparezca reflejado en ellos: codicia, torpeza, cobardía, deslealtad, adicción al lujo, bajeza moral. Me pregunto qué habría hecho el Bosco con estos rostros si los hubiera visto cuando pintaba el panel derecho -el del infierno- del Jardín de las delicias. ¿Los habría convertido en homúnculos con extraños pájaros negros saliéndoles del trasero? ¿O en pobres diablos que vomitaban monedas en una especie de pozo negro?

Pero también me pregunto qué habríamos hecho nosotros -cada uno de nosotros- si hubiéramos estado en su lugar. Si un día, por ejemplo, alguien nos hubiera ofrecido un buen pellizco por firmar este papel o por dejar que aquel señor nos dictara los términos de un contrato. Porque es muy fácil criticar algo cuando uno no se ha expuesto a los peligros a los que otros han sucumbido. ¿Habríamos sido capaces de decir que no? O por el contrario, ¿habríamos consentido pensando que al fin y al cabo hacíamos lo que cualquiera hubiese hecho? Eso es lo que ninguno de nosotros está en condiciones de saber.

Por suerte, la otra noche vi en un bar a un político que había sido alcalde de la ciudad en la que vivo. Lo fue durante mucho tiempo, diez años o así, pero se fue del cargo igual que había llegado. Y aquella noche estaba cenando con su familia en un bar más bien modesto. Nada de lujo, nada de ostentaciones, sino una vida que podría ser la misma que la del dueño de una pequeña ferretería o la de un maestro jubilado. Y aun así, aquel hombre podría haber usado su cargo para aprovecharse igual que habían hecho los de la trama Gürtel. Pues no, nada de eso. En estos tiempos de desafección hacia la política, hay que recordar que es posible otra clase de política porque de hecho ya la hubo: una política hecha por gente digna que sabía vivir con austeridad y con decencia. Es bueno saberlo, ahora que la peor cara de la política irá apareciendo todos los días en los informativos.

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