¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Enfangar a la Guardia Civil

Para bien y para mal, es imposible comprender la historia contemporánea de España sin la Guardia Civil. Como la desamortización o el ferrocarril, el instituto armado fue una de las principales herramientas en el intento de transformar la vieja y decadente Monarquía hispánica en un estado liberal moderno, más o menos en consonancia con los de su entorno.

Este proceso, como bien es conocido, no fue limpio y lineal, sino más bien una maraña llena de contradicciones y paradojas, avances y retrocesos, que, como no podía ser de otra manera, afectaron de lleno a la propia historia interna del cuerpo. Pero, más allá de las equivocaciones, la Guardia Civil siempre ha cumplido con la misión que desde los tiempos de Narváez le fue encomendada: extender el imperio de la ley hasta las más escondidas y remotas alquerías de la geografía nacional. Tan eficaz ha sido su labor que ninguno de los muchos regímenes que ha tenido España desde Isabel II la ha disuelto. Lo pensó Franco, disgustado por los muchos guardias que habían servido en el bando republicano, pero el gallego era demasiado pragmático para esa tontería.

Con la llegada de la democracia también hubo voces que pidieron su disolución, más tras el 23-F, pero Felipe González comprendió pronto la utilidad de un cuerpo disciplinado y profesional, austero y con un sentido del honor demodé que le lleva al cumplimiento del deber más allá de lo razonable. Su tesón y sacrificio en la lucha contra ETA le demostraron al presidente sevillano que no se había equivocado.

Equivocaciones, por supuesto, también hubo alguna por parte de miembros de este cuerpo caminero y adusto. Ahí están la excesiva cercanía a las oligarquías rurales en tiempos pretéritos, el GAL verde o la ya mencionada intentona ¿Pero qué institución histórica española, empezando por partidos de izquierda como el PSOE o el PCE, no tiene borrones?

Nada de lo dicho parece importarle a nuestro Gobierno, que no contento con encadenar errores en la lucha contra el coronavirus, ahora se ha empeñado en enfangar a la Guardia Civil con el consiguiente júbilo de sus socios parlamentarios de ERC y Bildu.

Y lo hace tirando de fakes e intoxicaciones, mostrándose como el objetivo de una confabulación ultra de guardias y jueces, relato comprado con asombrosa ingenuidad (llamémoslo así) por sus antenas mediáticas. De lo único que es víctima este Gobierno de Progreso es de sus propias mentiras e ineficacia.

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