LA economía es una ciencia exacta. De hecho, muchos no somos economistas porque desde estudiantes sentimos alergia hacia las ciencias exactas. Hoy, cuando hemos descubierto cómo las mentiras manejan los mercados, ya es demasiado tarde. El nuevo gobierno húngaro aseguró el viernes que el anterior ejecutivo habían mentido y que la situación económica del país era desastrosa. La nación estaba en bancarrota. ¡Mentirosos! Los mercados se vinieron abajo. Ayer, a la vista de la aciaga reacción de las bolsas, la UE aseguró que el nuevo gobierno también había mentido (no se sabe si tanto como el precedente) y que los datos sobre la quiebra húngara eran fruto de una exageración salvaje. ¡Embusteros! Unos días antes, la UE decidió reformar el sistema de control de las agencias de calificación económica. Hay sospechas de que las evaluaciones no son del todo ciertas y que obedecen a oscuros intereses financieros. A partir de ahora las agencias tendrán que divulgar todas las pruebas cuando rebajen la calificación económica de un país. Así los estados podrán calificar la fiabilidad de las calificadoras. Una agencia desautorizada carecerá, en teoría, de capacidad para disminuir la solidez de un país. Salvo que el gobierno de ese país actúe como el húngaro y mienta. Y cuando se descubra, con un embuste todavía mayor, que ha mentido... Etcétera.

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