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Su propio afán

Elogio del puro

Hoy toda respuesta a una crítica o a una agresión que no sea victimizarse tiene mérito

Los que me afean tanto que no critique el escrache galapagueño a Pablo Iglesias (que yo repudio: nunca fui partidario de la ley del talión) me agradecerán que tampoco dedique un artículo a lo de su supernanny. Tanto de una cosa como de otra no tengo que añadir nada más que lo saben las personas razonables: que no y que no.

Otro comentario a mi artículo sobre la violencia contra los actos electorales de Vox sí me dejó pensativo. Alertaba del peligro que tiene (ya que hoy pasar por víctima resulta tan rentable) que se imponga el victimismo como estrategia política.

Toda advertencia contra el victimismo es poca: estamos ante una de las plagas de la postmodernidad. El mesurado Víctor Lapuente, en su libro Decálogo del buen ciudadano, alza el "No te victimizarás" a la categoría de octavo mandamiento, y hace muy bien. Lo peor del victimismo es que deja víctimas: los que se conduelen, manipulados en sus sentimientos auténticos. Y otra: las verdaderas víctimas que quedan sepultadas en esa melaza de melindres maquiavélicos.

Así las cosas, hemos de ponderar como se merecen esos puros prácticamente taurinos que se fuma Santiago Abascal en la barrera (policial) cada vez que sufre un acoso. Los puros son por sí mismos un burladero frente al victimismo. Es posible que los pusilánimes consideren que son una provocación; y es otra razón para fumárselos, porque aquí el orden de los factores altera el producto, y está bien que quede claro quién provocó primero, marcando los tiempos a bocanadas de habano.

Montero e Iglesias, llamando en su auxilio a la Benemérita (cosa a la que tienen derecho y está justificada) o interrumpiendo sus vacaciones por una pintada en la carretera, se revisten del manto del victimismo sin un guiño de ironía, para que luego sus partidarios lo vayan echando en cara a quien les critique por cualquier otra cosa. No lo hace -vamos a ser justos- Pedro Sánchez cuando en el Congreso saca todo lo chulapo (que es mucho) que él lleva dentro en vez de echarse a llorar por su gestión o por el plagio de su tesis. No es mi estilo, digamos, pero él vacila en vez de vacilar, y todo aquel que podría hacerse la víctima, pero se revuelve, tiene un mérito. Éste de Sánchez puede ser el único que tenga.

Abascal ni vacila ni vacila, se fuma un puro. No será lo más pedagógico desde un punto de vista sanitario; pero también hay cánceres de salud pública, y el victimismo es uno.

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