Calle Ancha

Alberto Ramos / Santana

Divertimentos vandálicos

Escribía hace unos días Carmelo en su blog que por Cádiz anda suelto -y perdonen ustedes la cita textual- un "hijoputa" refiriéndose al salvaje que, noches atrás, le ha metido fuego a varios grupos de motos, aparentemente sin motivo, y, lo que es más grave, sin pararse a pensar en las peligrosas consecuencias que su acción ha podido tener para los vecinos de las calles San Francisco Javier y Carlos Haya. Aunque existe el precedente de un incendio similar con fines delictivos -se trataba de distraer la atención policial para cometer un delito, no sabemos -al menos no se ha dicho- que en esta ocasión haya sido así, por lo que cuesta trabajo pensar qué se le pasa por la cabeza al energúmeno que prende fuego a un montón de motos aparcadas. Y en este intento de entender la sinrazón de la salvajada, la explicación de que bestialidades como lo de las motos se hace por diversión, cobra fuerza. Lo malo es que, aunque en esta ocasión no hubiere sido así, los actos vandálicos que suponen destrozos en el mobiliario urbano y en bienes ajenos, son producto en demasiadas ocasiones de esa perversa y enfermiza forma de entender la diversión. Hace pocos días fue detenido un individuo que se entretenía en romper espejos retrovisores por una avenida de la ciudad, como aquella docena de adolescentes que practicaba golpes de kárate con árboles, puertas de coches, papeleras, y por supuesto retrovisores. Las papeleras, cómo los bidones de basura, son incendiadas sin motivo, por el simple placer de sentirse protagonistas y líderes del rebaño; como se sienten protagonistas y fuertes los que se dedicaron a romper la verja del parque de mayores situado junto al pabellón deportivo del casco antiguo, frente al parque Genovés, o la silla fija de la plaza del Palillero, los que arrancan trozos de mármol en la plaza de Mina, o los que rompen macetones a patadas por cualquier calle del centro de la ciudad. Y ni que decir tiene lo tranquilos que se quedan jóvenes y mayores cuando domingo tras domingo, fin de semana tras fin de semana, dejan plazas y calles repletas de basura tras consumir bebidas y alimentos en lugares públicos, como si dejar la basura por las calles, tirar papeles, colillas, latas y cristales rotos, aparte de las meadas por las esquinas, entradas de garajes y casapuertas, fueran otro signo más de identidad gaditana. Mucho queda por hacer en esta ciudad que presume de ser cuna de la libertad y que pretende estar en estado de revista en 2012. Mucha tarea le queda a la sociedad gaditana para lograr recuperar valores de tolerancia, convivencia y buenos modales, valores no ya olvidados, sino cubiertos por años de mugre y abandono por gran parte de los gaditanos, que le ríen las gracias a los vándalos que se divierten destrozando la ciudad.

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