Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Dibujitos

La irrupción de la Universidad Politécnica de Madrid en el debate puerto-ciudad que se desarrolla desde hace meses ha provocado de un plumazo el mosqueo de mucha gente. En primer de la Universidad de Cádiz, cuyos profesores habían dirigido un proceso participativo que ahora se ve alterado por la aparición de nuevas propuestas dirigidas a los suelos que pueden quedar vacantes en la terminal Reina Sofía. En segundo lugar dentro del Equipo de Gobierno entre Podemos y Ganar Cádiz . En tercer lugar entre quienes asesoran al concejal de Urbanismo y primer teniente de alcalde, Martín Vila, tres de los cuales firmaron el otro día una tribuna libre en este periódico acerca de la propuesta de la Politécnica. Dos de los asesores (todos hombres por cierto) no firmaron y los que sí lo hicieron tomaron partido contra la propuesta. Por si fuera poco, el primer teniente de alcalde también se mosqueó con el artículo. En último lugar una parte importante de la llamada comunidad portuaria ha manifestado su rechazo a la ocupación para usos ciudadanos de los suelos de Reina Sofía. Así hemos pasado de discutir si se puede eliminar total o parcialmente la verja del muelle y formar un lugar de esparcimiento ciudadano como se ha hecho en otros puertos a debatir qué hacer con suelos que, teóricamente, quedarán vacantes cuando esté la nueva terminal a pleno rendimiento: si comercial, de ocio, restauración o residencial. Incluso los hay quienes defienden que esos suelos deben seguir siendo portuarios como insinuó el propio presidente de Puertos del Estado (ahora en funciones hasta que Pedro Sánchez nombre otro). Incluso Fustegueras, autor del proyecto de Gran Plaza del Mar, se mostró escéptico. El caso es que a mí me parecen las tres propuestas de la Politécnica una suma de ocurrencias. No veo detrás ni una propuesta seria ni una propuesta de desarrollo de la ciudad. Proponer edificios singulares me recuerda a la cantidad de hitos que tenía previsto el PP durante su mandato en la ciudad. Me pasa lo de Josep Plá: ¿quién paga todo esto? Esa cantidad de parques de atracciones no tienen ni un solo inversor, ni un miserable euro público. Cualquiera coge un ordenador y le da rienda suelta a su imaginación. No hace falta ser alumno de una escuela de arquitectura, basta con manejar un ordenador. Así que cualquiera que pasee junto a la verja del muelle, como Los Borrachos, que no se vaya a dejar caer porque los dibujos tienen el mismo valor que las fotos de Vera Borja: ninguno.

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