Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Diálogo

Algunos de los que apuestan ahora por el diálogo han estado defendiendo la sedición y el incumplimiento de las leyes

Yo estoy en contra del hambre en el mundo, de las minas antipersona, de las guerras, de la injusticia, del calentamiento global, de la violencia, del machismo, del racismo, de la xenofobia, de las armas nucleares, de la vulneración de los derechos humanos, de la desigualdad, de la injusticia, de la prepotencia, de la mala educación, de la deforestación del Amazonas (me voy a resistir a poner la cita de "Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto"): se empieza uno permitiéndose un asesinato de vez en cuando y se termina por no dar los buenos días. Quiero que todo el mundo viva en paz y en felicidad que no haya nadie en el paro, que se encuentre una solución a todas las enfermedades y, por qué no decirlo, que el Atleti gane una Champions. Soy un buenista irredento. Me falta dar un pregón. Soy tan buenista que estoy muy de acuerdo con todos los que se manifestaron el sábado a favor del diálogo en la plaza de San Juan de Dios, vestidos de blanco con alguna cabellera morada. Hablemos, dialoguemos. Del diálogo saldrá la solución, tuviera que ver. Pasemos por alto que uno de los llamados a dialogar ha vulnerado de manera palmaria la Constitución, ha incumplido las normas de convivencia, ha roto todo diálogo, ha vulnerado las leyes, se ha resistido a cumplir las órdenes judiciales, ha estado un año planeando a escondidas un referéndum declarado ilegal y suspendido por la justicia, ha partido por dos la sociedad catalana, ha amedrentado a quienes no pensaban como él, no ha dudado en utilizar una manifestación contra el terrorismo con fines propagandísticos, ha empleado el dinero público en actividades sediciosas. Olvidemos todo eso y hablemos. Hablando se entiende la gente. Tampoco importa mucho que algunos (algunos ¿eh?) de quienes se manifiestan por el diálogo han estado defendiendo, promoviendo y jaleando la sedición y el incumplimiento de las leyes. Miramos para otro lado y ya está. Cuando alguien se quita la camiseta morada y se pone camisa blanca todo cambia. España camisa blanca de mi esperanza. Por supuesto "¡sin banderas!" por mucho que ayer mismo se ponían la llamada "estelada" que defiende la independencia o que en otros momentos luzcan orgullosos la roja con la hoz y el martillo, la tricolor o la arcoiris. Unas veces con bandera y otras sin ella, a conveniencia. El sábado tocaba de blanco , como si fuera una fiesta de Vistahermosa o Ultrasur del Bernabéu. Marchemos todos juntos y yo el primero por la senda del diálogo.

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