Por montera

mariló / montero

Devolvednos a las niñas

SABEN que comparto con ustedes desde hace mucho mi desvelo, mi pasión por todo lo africano. Del tiempo en el que existían los gigantes nos ha quedado África, el mapa de África, que es como un cuerpo mastodóntico, de animal antiguo, echado sobre el azul de los mares de los mapas. Y ese coloso subsiste de forma pesada, dolorosa, mientras va siendo herido por cada noticia, como si la actualidad constituyera el gran enemigo de un continente maravilloso, repleto de riquezas naturales y poblado por multitudes que merecen algo mejor. La última puñalada sobre África ha apuntado a Nigeria, donde un grupo terrorista, con el asesino de turno como cabecilla, ha secuestrado a más de doscientas jóvenes.

De esos malnacidos que andan matando gente sólo diré que son una prueba más de que para el ruin no existen límites. Pasa con todos los terroristas. Más de doscientas jóvenes en manos de asesinos, violadores, que han advertido que las acabarán vendiendo como esclavas. Hay mucho que comentar: por ejemplo, la situación de ese país, donde más de cien millones de personas sobreviven con menos de un dólar al día, en la práctica indigencia, caldo de cultivo para extremismos; o la campaña de sensibilización global en la que rostros muy conocidos se han fotografiado exigiendo la liberación: "Traed de vuelta a nuestras niñas", reza el cartel que sostienen Malala y Michelle Obama; o el hecho de que los terroristas las han secuestrado por estar siendo educadas.

Hay un dato que me parece destacable, por inédito: y es que el secuestro ocurrió el 14 de abril, hace casi un mes. Y no ha sido noticia hasta ahora. ¿Por qué? Imaginen que algún grupo de asesinos hubiese secuestrado a 200 jóvenes en EEUU, París, Tokio, Buenos Aires, Berlín… ¿Creen que se habría tardado tanto tiempo en poner el grito en el cielo? Invito a esa reflexión.

En todo caso, las niñas son lo principal. Las protagonistas sordas de otra historia de barbarie. En el pliegue recóndito del mapa en el que las mantienen -espero- con vida, ¿acaso no gritan, no lloran, no gimen angustiadas? Más de 200 corazones se están agitando en medio de la madrugada africana, a la intemperie de la sinrazón, haciéndose preguntas que nunca obtendrán respuestas, sino cicatrices: ¿por qué nos hacen esto? ¿Quién lo permite? ¿Seguiremos vivas al amanecer? Pobres crías, pobres familias. Que devuelvan a las niñas cuanto antes.

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