El Palillero

José Joaquín / león

Después de las tortillas

POCOS episodios se recuerdan tan nefastos para la hostelería gaditana como el de las tortillas del sábado de Carnaval. La noticia de la salmonelosis dio la vuelta a España, y fue muy comentada en Andalucía, al haber personas de Sevilla, Málaga, Jaén y Granada entre los más de 100 afectados. Por otra parte, al relacionarse este episodio con la muerte de un joven de San Fernando, que padecía otras patologías, el caso adquirió un matiz más trágico. El remate del tomate llegó cuando se difundieron las penosas condiciones higiénicas que había en ese bar de la Plaza y en la manipulación de los alimentos, según las informaciones del delegado de Salud de la Junta, Manuel Herrera, y el jefe de Salud Pública, Andrés Rabadán.

En Cádiz, en otros tiempos, se han conocido casos de salmonelosis con decenas de afectados. Pero la repercusión es incomparable. Algunos de esos bares siguen abiertos al público, sin que haya ocurrido nada después. En el caso del Grimaldi (que según una web de Turismo de Cádiz figuraba "en prestigiosas guías internacionales"), ya está prácticamente liquidado. No sólo cerrado, sino que se ha retirado el rótulo de la fachada. Sin valorar las responsabilidades que se determinen, se ha arruinado un negocio.

La sensación que ha dado es que Antonio de María en Horeca, y la hostelería gaditana en general, han gestionado correctamente este asunto. Por un caso determinado y aislado, no se puede denigrar a todo un sector, donde trabajan muchas personas. En los bares de Cádiz lo habitual no es eso. Pero sí es conveniente que todos tomen nota, porque un fallo en esa materia es irreversible. La situación social y sanitaria de ahora no es como la de hace algunos años. Hoy sería imposible una segunda oportunidad. Y eso obliga a extremar los cuidados.

Sin el episodio aislado de las tortillas, no se hubiera planteado ninguna polémica. Pero tampoco se puede ocultar que han circulado comentarios perjudiciales para los bares de Cádiz por las redes sociales y por ciertos medios. Como no es de recibo esa leyenda urbana de que cobran más caro a los turistas que a los gaditanos en algunos bares céntricos. Eso también hay que cuidarlo, porque no se puede generalizar.

Cuando llega la Semana Santa, que es uno de los momentos fuertes del año, se ha planteado si sería conveniente una campaña para defender y promocionar a la hostelería de Cádiz. No está de más, pero tampoco es imprescindible. Ante todo, lo que se necesita es mantener una buena oferta y no descuidar nunca la higiene, ni la calidad.

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