Aclaro antes que nada que no me refiero al filósofo francés. Les hablo de otros descartes. Y sé que muchos de ustedes estarán conmigo. A mí me ocurre que llegando unas elecciones comienzo por el final. Es decir, descartando a los partidos a los que no pienso votar. Y en estos últimos años en los que la política ha tocado fondo, me pongo a eliminar y me quedo con un partido o incluso a veces ninguno. Qué horror. Este es demasiado radical, el otro es más de lo mismo, el de allí es muy cambiante, el de al lado es anacrónico o el de acá está perdido. ¿Osé, a ver si te gusta algo? Ahí lleva razón. Pero no lo puedo evitar. Todos me producen algún tipo de inquietud o sonrojo. Vergüenza ajena en algunos casos. No me fío ni de El Caserío, pero habrá que votar. Mientras, sigo pensando. Y si pienso, existo, que diría Descartes. René, iluminamé.

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