en tránsito

Eduardo Jordá

Derrotismo

HACE poco estaba hablando con un estudiante griego acerca de las prodigiosas intuiciones que habían tenido los griegos antiguos, que habían llegado a intuir que el Universo surgió de una especie de matrimonio entre el caos y la luz, algo que no está muy lejos de la teoría del Big Bang. Y en un momento dado, el estudiante griego dejó de hablar, suspiró y me dijo una frase que no he logrado quitarme de la cabeza: "Los antiguos griegos eran muy listos; los de ahora, ya no". Y al oír aquello, me pregunté si eso mismo se podía decir de nosotros, en España, porque era difícil ver una élite política -y me atrevería a añadir judicial y universitaria y empresarial- más repleta de botarates y de inútiles que la nuestra.

Pero hay que tener cuidado con el derrotismo. Es muy posible que tengamos un país lleno de cretinos en muchos puestos de máxima responsabilidad, pero por fortuna la idiotez no alcanza a la sociedad entera. Es cierto que la irresponsabilidad y la estupidez están alcanzando niveles peligrosos, pero no podemos dejarnos llevar por uno de nuestros vicios nacionales, que es la tentación de acusarnos de ser un país que no tiene remedio, porque entonces sí que vamos hacia el fracaso total. Por suerte tenemos aún miles de médicos y trabajadores sanitarios que podrían ganarse la vida -y mucho mejor que aquí- en cualquier otro lugar del mundo, pero que por alguna extraña razón siguen trabajando entre nosotros a pesar de las dificultades y los recortes y el desprecio generalizado. Y tenemos profesores que cada día intentan hacer lo posible para civilizar a sus alumnos, aunque por desgracia algunos profesores se empeñen en imponer libros de la Edad Media como lectura obligatoria para los alumnos de ESO, un disparate equiparable a enseñar a conducir un coche usando una nave espacial. Y además tenemos investigadores universitarios de primer nivel, y empresarios que saben crear negocios rentables y que se empeñan en tratar bien a sus empleados, y trabajadores responsables que saben que hacer bien su trabajo no es sólo una cuestión de supervivencia, sino también de dignidad.

Repito que hay muchos motivos para no caer en el derrotismo, a pesar de que las élites que tenemos han dado muestras de una estupidez que no parece tener límites (hay un ministro que está convencido, según parece, de que la caída de la Unión Soviética se debió al cumplimiento de la profecía de uno de los pastorcitos de Fátima). Por eso sería bueno que siguiéramos teniendo confianza en nuestro país, aunque la amenaza independentista y la pésima gestión de la crisis por parte del Gobierno y la actitud pueril de muchos grupos de izquierda nos den motivos para pensar que estamos rodeados de idiotas. Por suerte, no es verdad.

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