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Demolición

El actual Gobierno pasará a la Historia como aquel que más luchó contra la igualdad en cualquiera de sus acepciones

El actual Gobierno de España pasará a la Historia como aquel que más luchó, y de manera más firme, contra la igualdad en cualquiera de sus acepciones. Y no sólo por el ilustre cortejo de sus apoyos (racistas, xenófobos, supremacistas, simpatizantes del terror y partidos con un sólido historial golpista, como ERC), sino por la calculada indiferencia con que la ley Celaá elimina, radicalmente, la posibilidad de ascenso social para las clases desfavorecidas. A lo cual se añade, como sabemos, el orillamiento legal del idioma materno de la mayoría de los catalanes: o sea, el castellano. Cuestión esta que nos retrotrae a aquella frase de Cánovas: "Son españoles los que no pueden ser otra cosa".

Gracias a la irresponsable temeridad de la ley Celaá, la capacidad de distinguirse por sus méritos ha pasado a ser una cosa clasista y poco solidaria -en adelante, facha-; de modo que usted puede llegar de suspenso en suspenso, y sin la menor mancilla de conocimiento, a la edad adulta, para así disfrutar de una jubilación perfectamente ágrafa (ya sabemos que, desde los días del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, el saber tiene muy mala prensa). El pequeño problema de esta muestra de munificencia y bondad de la señora Celaá, que tan gentilmente nos aprueba, es que las clases medias y bajas ya no podrán prosperar, porque la ministra ha eliminado su única oportunidad de ascenso. La señora Celaá, como es rica por su casa, quizá no haya caído en la cuenta; pero lo cierto es que, gracias a su ley archiclasista, ya no habrá modo de destacar, mediante la inteligencia y el esfuerzo, entre la masa del alumnado. Un alumnado que, a no mucho tardar, se convertirá en una cohorte de iletrados muy ufanos de serlo. Con lo cual, la señora Celaá ha vuelto a poner las cosas en su sitio. El que quiera destacarse, el que quiera prosperar, el que sueñe con ser alguien en la vida, habrá de ser un mocito como Dios manda y pagarse los estudios en alguna universidad, privada o extranjera, naturalmente.

¿Qué podríamos decir de la minusvaloración del castellano en Cataluña, copiada de inmediato por la señora Armengol? Por extraño que parezca, España es el único lugar del mundo donde no es buen negocio ser español, porque te persigue el Gobierno. En estas circunstancias, conviene preguntarse qué pueden significar hoy las siglas del PSOE. Y el caso es que, visto lo visto, y dado el servilismo inicuo del señor Ábalos, sólo pueden significar una cosa: "Pedro Sánchez, ¡OÉ!".

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