Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Dedicatorias

Señalaron hacia lo alto. Supongo que sería un homenaje a las pinturas de Abarzuza que decoran el techo del Falla

Las dedicatorias, como los epitafios, son un género solo que tienen menos prestigio. Todo el mundo recuerda el "perdone que no me levante" o el "como te ves yo me vi, como me ves te verás". Quizás porque las dedicatorias literarias suelen ser "a mi madre, a mi padre, a mi mujer o a mis hijos" con insistencia y, se supone, sinceridad. El auge del fútbol nos lleva a pensar en sus profesionales más famosos cuando imaginamos dedicatorias: el que se besa el anillo para recordar a su mujer(por muy golfo que sea ), el que se pone el pulgar como un chupete para dedicárselo a un hijo, el que se pone el balón bajo la camiseta para al embarazo de su mujer, el que lleva un mensaje bajo la camiseta (todos recordamos el de Iniesta a Dani Jarque), Luis Suárez que cuenta el número de hijos (reconocidos) que tiene ante la cámara, la pirueta de Hugo Sánchez (y ahora Felipe), Salva Ballesta con el saludo militar, algunos un corazoncito con los dedos, Kiko Narváez con el arquero, los que mandan callar al respetable. Gárate era tan elegante que no festejaba sus goles para no herir al adversario. Alguno, en cambio, se liaba a soltar cortes de manga, se supone que al público pero vaya usted a saber. Michel con el "me lo merezco" ante Corea y así sucesivamente. Están los escasos futbolistas concienciados como Kanouté con la bandera de Palestina bajo la del Sevilla, o Robie Fawler con su dedicatoria a los estibadores portuarios de Liverpool en huelga. Para mí la mejor de las dedicatorias es cuando señalan con uno o dos dedos hacia la estratosfera , no se sabe si dedicándolo al Hispasat , a la estación espacial internacional o algún planeta lejano desde el que llegó el coro Los Marcianos "que si ellos son marcianos, olé, yo he nacido en La Caleta". Alguien igual piensa que hay vida después de la presente y que las almas buenas van a eso que llaman cielo, paraíso o Walllhala, donde huríes o valkirias atenderán a los buenos guerreros que murieron con la espada en la mano en la defensa de su fe.

Viene esto a cuento de la chirigota irreverente de este año, "Aquí estamos de paso", que satirizan la expresión popular de la pasión y muerte del dios de los cristianos e incluso llaman al obispo "la oveja negro del rebaño". Cuando terminaron de cantar un pasodoble dedicado a Manolo Santander (muy merecido, por supuesto) señalaron hacia lo alto. Supongo que sería un homenaje a las pinturas de Abarzuza que decoran el techo del teatro Falla porque otra cosa no cabe esperar en un repertorio y tipo tan blasfemo.

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