La azotea

J.M. / Sánchez / Reyes

Decadencia

EL paseo marítimo del barrio donde vivo amanecía ayer (ver página 10) para llorar. Porque a un desaprensivo o desaprensiva se le ocurrió declarar su amor pintando un banco con spray negro, a otro/otra tirar vasos al césped y a un pescador o pescadora no limpiar los restos de la 'carná' después de practicar su afición. Nada nuevo en una zona donde he visto cómo la dueña de un perro permitía que su mascota orinase, sin limpiar el pipí, en una columna justo delante del Don Pan. Y lo que ocurre en mi barrio es extrapolable a todo Cádiz, una ciudad decadente porque, entre otros azotes, buena parte de la ciudadanía ha entrado en una irremisible espiral de incivismo, cutrerío e irrespetuosidad por el bien común. Y como el civismo se aprende desde chico, quizás debamos plantearnos, en lugar de qué ciudad vamos a dejar a nuestros hijos, qué ciudadanos vamos a dejar a nuestro Cádiz.

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