El balcón

Ignacio / Martínez

Cuadro mediterráneo

REPARTO italiano, tentación portuguesa y horizonte griego: la situación política española es una miscelánea mediterránea. Da para tres escenarios. El primero es el reparto de escaños a la italiana. El inconveniente lo ha señalado Felipe González: no hay italianos para gestionarlo. Los españoles han votado que no haya mayoría, ni una minoría capaz de gobernar con un solo partido. Salvo la gran coalición PP-PSOE. O sea, se quiere que todos hablen como en 1977. El cainismo entre los dos grandes es tan elevado que no parece posible, aun contando con el concurso de Ciudadanos. Pero los tres podrían armar un gobierno provisional que reforme la Constitución por amplio consenso, del que no tendrían que estar ausentes Podemos ni los nacionalistas.

El segundo cuadro es la tentación portuguesa; un Gobierno de izquierdas de PSOE, Podemos e IU, que no sumaría suficientes escaños y tendría que ser permitido por nacionalistas vascos y quizá por separatistas catalanes. Gobierno de apoyos complejos como en Portugal. El impulso espontáneo de Pedro Sánchez en esta dirección le ha valido un manteo a manos de casi todos los barones regionales del PSOE. Podemos se ha convertido en la bestia negra a la que temen los jefes de su partido en Asturias, Extremadura, Castilla la Mancha, Valencia y Andalucía. Sobre todo aquí, en donde Susana Díaz ya ha demostrado que es buena en la táctica, pero tiene por acreditar que también sea virtuosa estratega.

A la presidenta, que tantas veces ha invocado su "compromiso con Andalucía", le tienta la idea de defenestrar a Sánchez y ponerse en su lugar para conducir la recuperación de su partido. (Sánchez nunca habría ganado las primarias en el PSOE sin el apoyo de Susana, airada con Madina por haber cerrado su llegada a la cúspide por aclamación). Sin embargo, no parece que este sea el mejor momento para el desembarco de la Líder Máxima en Madrid. Ya no es un valor tan en alza como hace un par de años; en su corte de admiradores empieza a levantar dudas.

Y a medida que pasan los días, el horizonte político se torna electoral. El tercer supuesto es un esquema griego, si hay nuevas elecciones. Todo hace pensar que las fuerzas más moderadas del tablero político sufrirían un retroceso. En esta hipótesis aumentaría la representación de PP y Podemos, un reflejo simétrico de Nueva Democracia y Syriza en Grecia. Si no hay acuerdo alguno, podríamos tener un Gobierno en funciones varios meses y nuevas elecciones en mayo o junio, para salir del bloqueo producido el 20-D. Rajoy ya se ha apresurado a decir que estará en la nueva cita electoral si la hubiere. Nadie duda que Iglesias y Rivera capitanearán a los suyos. Probablemente el de Podemos con Garzón como un nuevo aliado que le permitirá superar de salida al PSOE. Todas las dudas las tienen los socialistas. La fuerza central, despedazada por propios y extraños, a la griega. Trágico y muy mediterráneo cuadro.

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