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Crónica Personal

Crisis institucional

Nunca como ahora se han sobrepasado desde Moncloa las líneas rojas que eran intocables

Nunca se había vivido una crisis institucional de tanta envergadura, con el Gobierno, el Congreso de los Diputados, el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial en confrontación y utilizando cada uno sus cartas para lograr sus respectivos objetivos.

Sobre el de Pedro Sánchez nadie puede engañarse: busca a toda costa conseguir mayoría en el Tribunal Constitucional, que esa nueva mayoría vote a Cándido Conde Pumpido como presidente y que los vocales llamados progresistas, con Conde Pumpido a la cabeza, dejen a salvo las leyes aprobadas por el Gobierno y que penden. El hecho de que Sánchez maniobre para colocar peones en el Tribunal Constitucional ¿significa poner en cuestión la profesionalidad de quienes forman parte del TC? Duele decirlo, pero aunque sus miembros han llegado a la institución con un curriculum que demuestra experiencia y prestigio sobrado, y aunque en el pasado los diferentes gobiernos siempre han colocado en el TC y en otros organismos e instituciones a personas cercanas a su ideología, hay motivos para la desconfianza. Nunca como ahora se han sobrepasado desde Moncloa las líneas rojas que eran intocables.

Sánchez ha bloqueado nombramientos para la renovación del Consejo General del Poder Judicial tanto como ha hecho el PP, Sánchez ha cambiado leyes sobre la marcha para que el CGPJ pudiera tomar decisiones que afectaban directamente a sus intereses, e impedía las que no le garantizaban que les serían favorables; y en estos últimos días ha promovido dos iniciativas que han soliviantado muchos ánimos y propiciado el actual choque institucional: cambiar el método de elección de los miembros del TC que corresponden al CGPJ, jugar con los tiempos que regulan cuándo se debe producir la elección de nuevos miembros, y eliminar los exámenes de idoneidad para ellos.

Situación intolerable desde todos los puntos de vista, pero no hay quien lo remedie mientras Sánchez sea presidente del gobierno: los ministros le hacen la ola aunque algunos de ellos cuentan con formación suficiente como para darse cuenta de que roza la ilegalidad además de echar por tierra la ética que se supone a cualquier persona, más aún si se trata de un cargo público.

Ya dio muestras de cómo se tomaba la política cuando en una reunión del comité federal del PSOE colocó una urna detrás de un biombo para que sus afines pudieran pronunciarse a su favor. De aquellos polvos y su posterior reelección salen estos lodos

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