Argentina no es un país extranjero. Nos ha dado a Borges y la milonga, lo cual la convierte en una nación hermana. A cambio, eso sí, el país austral también nos ha mandado regalitos del tipo Gerardo Pisarello, sin que hasta la fecha haya pedido disculpas diplomáticas. Nadie es perfecto. Valga este introito para decir que no nos parece mal que la ministra de Igualdad, Irene Montero, haya elegido una radio rioplatense, La Pizarra, para escenificar su regreso a la esfera pública después de recuperarse felizmente del Covid-19, pero sí se echaron en falta en la interviú las preguntas de algunos periodistas españoles no afines a su figura e ideología que pudiesen ponerla en apuros, que para eso se inventó este oficio de canallas, no para tocar las palmas, insultar al adversario o lanzar sermones edificantes. Esa labor es privilegio exclusivo de algunos catedráticos y directores del Instituto Cervantes.

Una cosa nos sorprendió de la intervención en las ondas albicelestes de la ministra Montero, cuyo verbo entra cada vez más fácilmente en combustión, dejando tras de sí un rastro de expresiones alocadas. Nos referimos a cuando dijo que la Unión Europea debe buscar una solución "antifascista" a la crisis del coronavirus (sic). Imaginamos que las cenizas de Hitler habrán temblado en la alcantarilla de Moscú donde fueron arrojadas por sus antiguos aliados comunistas. Pero más allá de esto no sabemos muy bien qué quiso decir la ministra. Hay personas que creen que con pronunciar palabras y expresiones como "antifascismo", "negacionismo", "defensa de lo público", "heteropatriarcado" y cuatro abracadabras más se solucionan todos los problemas de la humanidad. Pero en el momento que se rasca un poco en este geronto-vocabulario aparece la más absoluta nada o, lo que es peor, el rostro del cinismo y el populismo. La conclusión es que tenemos una ministra que cree que usando palabras propias de la arenga de un comisario político en el Ebro se pueden solucionar los extraños problemas del siglo XXI. Montero, en definitiva, desconoce algo elemental: para construir un mundo nuevo no sirven los vocablos polvorientos.

Hoy muchas personas volverán al tajo sin mascarillas ni guantes. Pero no deben preocuparse, porque su ministra Montero, cual nueva Madame Ibárruri, ya está trabajando en una salida "antifascista" a la crisis. El Covid-19 no pasará. Es un alivio.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios