La decisión del Patronato del COAC de distribuir a las agrupaciones que participen en el próximo certamen del Falla en 24 sesiones ha generado una enorme polémica entre los participantes. Hasta cierto punto es natural: tanto por la larga duración de esta primera fase, como por la del propio Carnaval, que será el más largo de la historia. La mayoría califica el calendario como una "burrada" y un "sinsentido", aunque otros autores entre los más punteros, como Juan Carlos Aragón, hablan abiertamente de "catástrofe", por miedo a que se mate a la gallina de los huevos de oro. A su juicio -y no es el único que así piensa- con este formato la organización lo único que persigue es la "rentabilidad económica", descuidando el auténtico espíritu de la fiesta. Y ya urge sentarse a reflexionar sobre el futuro del Concurso, porque en paralelo es obvio que el distanciamiento entre los colectivos que se sientan en el Patronato del COAC -los comparsitas llegaron a abstenerse en la votación del calendario- y las agrupaciones que participan en el certamen cada vez es más notable. No pocas piden ya sin tapujos que se revise el sistema de los cabezas de serie e incluso volver al sorteo puro y duro, entre otras propuestas que ayuden a reconducir la fiesta, como celebrar la preselección fuera del Falla.

Este año ya no es posible abordar posibles cambios del reglamento, pero se podrían poner las bases para el siguiente, a fin de evitar que el Concurso muera de éxito por culpa de la merma en su calidad. No hay mayor espectáculo que el fútbol y sin embargo sus dirigentes tienen muy claro que si los aficionados más acérrimos son capaces de tragarse partidos de tercera fila en pleno verano. Por ello, la Champions celebra todos los años una ronda previa antes de entrar de lleno en la fase de grupos, que es la que dispara la rentabilidad en todos los ámbitos, principalmente el económico, a partir de septiembre.

Quizá a muchos aficionados al fútbol se les pueda pasar por alto que la Champions, de hecho, arranca en el mes de junio con dicha ronda preliminar. Y es hasta lógico porque nadie -y por supuesto ninguna televisión o plataforma digital que se precie- está dispuesto a pagar lo mismo por un Madrid-Juventus que por los derechos de la retransmisión de encuentros donde se enfrentan el Torpedo de Kutaisi contra el Sheriff Tiraspol o el Spartak Trnava con el Zrinjski Mostar. A los equipos más modestos se les ofrece la oportunidad de participar en la fase final, pero a nadie se le ocurre la peregrina idea de tratar de captar la atención de todos los aficionados durante todo el año. No en vano, cuando se echa toda la carne en el asador es a partir de septiembre, que es cuando entran en juego todos los posibles candidatos al triunfo final, al fin y al cabo los que arrastran más audiencia.

Salvando las lógicas distancias, el Carnaval cada vez es más universal, y si no medita a fondo sobre un formato que no merme su categoría, ganada a pulso durante décadas, más pronto que tarde perderá parte del interés del público en la primera ronda, lo que podría arrastrarse a las siguientes fases. Cada año acuden más agrupaciones al Falla, muchas de ellas desde el exterior, y es lógico porque llegan animadas por el hecho de que con los ingresos por los derechos de publicidad y televisión (unos mil euros) cubren los gastos y de paso visitan la ciudad. Si no se examinan a fondo éste y otros condicionantes, lo más probable es que el Concurso, definitivamente, aburra hasta a los jartibles.

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