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Crónica levantisca

juan manuel marqués perales

Comunistas

Pocos partidos han hecho tanto por la democracia y las libertades en España como el PCE que salió de la Transición

Al final de tantas mutaciones, de acogerse al populismo peronista, al comunismo hermenéutico y al bolivariano; de la casta y los de arriba, del 15-M y todos sus círculos, y del tránsito de Izquierda Unida a Podemos y de Podemos a Unidas Podemos; al final de tanto giro, lo que queda es el PCE. El partido a secas. Tanto cambio para volver a la casilla de salida.

Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y próxima candidata de Unidas Podemos, es una militante del PCE que dejó todas las filiaciones menos la del viejo Partido Comunista. Se fue de IU hace meses. En esto es lo que ha quedado tal derroche de dialéctica, vicepresidenta con carné de cartón carmesí, la hoz y el martillo.

El PCE siempre fue un partido serio y pagador, y la ministra de Trabajo es hija de tal palo, capaz de pactar con la patronal y los sindicatos a la vez; pragmática y poco dada a las tonterías, que es el signo distintivo de Pablo Iglesias. Díaz ha preferido ser la vicepresidenta tercera, y no la segunda, a dejar la cartera de Trabajo. Esta sabe de qué habla, nada de mamandurrias ni agendas 3.0, la cartera que fue de Largo Caballero, la que siempre correspondía a alguien salido de las entrañas de la UGT.

Los regímenes comunistas han dejado tantos muertos en la Historia como los fascistas. Puede que muchos más, porque hay dictadores comunistas para un panteón, porque en sus filas militaron psicópatas tan asesinos como Stalin y Pol Pot, y porque toda ideología totalitaria lleva necesariamente a la rebelión de los libres. Sólo en la Gran Purga murieron casi dos millones de personas, pero el balance total tanto en la URSS como en China supera los dos dígitos.

Pero la historia del PCE de la Transición es impecable, pocos partidos han hecho tanto por la democracia y las libertades en este país como el de los comunistas clásicos. En una fecha tan temprana como 1956, el comité central del PCE, que se encontraba en el exilio, abogó por la reconciliación nacional de los españoles tras la Guerra Civil. Fueron los primeros.

Como las personas longevas, los partidos de larga trayectoria tienen derecho al cambio, no es lo mismo el Santiago Carrillo de la junta de defensa de Madrid que el de 1977. Al PCE hubo que envolverlo en otros formatos para alejarlo de su pasado soviético, de Italia llegó el eurocomunismo para zafarse de la tutela moscovita, pero su hoja de servicio desde hace medio siglo es impecable. Y no todos pueden decir lo mismo.

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