Su propio afán

Coincido con Hacienda

Estar de acuerdo con Hacienda no deja de ser un raro placer, aunque bastante caro

Tiene Hay una tira cómica en la que salen distintas casas: una malilla, y dice: "Tu casa como la ve un comprador"; luego, una chabola, y pone: "Tu casa como la ve el tasador"; después, una mansión espectacular, y reza: "Tu casa como la valora Hacienda". Por una vez en mi vida, estoy de acuerdo con Hacienda y tengo mi casa por un castillo, como los ingleses. Preferiría pagar impuestos más objetivos, desde luego, pero creo que esa actitud de magnificar lo nuestro es saludable. Una comprende mejor el sablazo gubernamental de estas fechas y el resto del año está muy satisfecho.

"Todo necio/ confunde valor y precio", advertía Antonio Machado y salimos ganando si no tasamos según mercado nuestros bienes y posesiones, aunque Hacienda se ponga a rebufo de la fantasía. Y aunque luego nuestra cartera se empeñe en seguir las reglas de la economía más implacable. Tengo dicho que para mí un volumen del Quijote es como tener las Meninas en casa. ¿Pensaría usted que comprar un Velázquez por treinta euros es un disparate? Tampoco me lo parece a mí un gran libro. El problema es que los libros se amontonan y van sumando, sumando, y acaba uno, de ganga en ganga, como si hubiese comprado toda la pinacoteca del Prado. Pero no vine aquí a llorar, sino a todo lo contrario. A celebrar.

Una forma de burlar al consumismo es con su mismo amor a las cosas, pero más y mejor. Una forma de defraudar a Hacienda, cumpliendo íntegramente la ley, es ver que nuestra propiedad vale su peso en oro, por nuestra y porque es el marco de nuestra vida y de nuestros amores, el escenario de nuestra libertad.

C. S. Lewis lo dijo admirablemente: "El niño encuentra agradable un trozo de carne fría (de otra forma poco atrayente para él) fingiendo que procede de un bisonte que acaba de matar con su arco y sus flechas. A ese respecto, el niño es sabio. La carne de verdad se le hace más sabrosa sazonada con un buen relato. Mojando nuestro pan, nuestro oro, nuestro caballo, nuestras manzanas, nuestras rutinas diarias en un mito, no nos evadimos de lo real: lo redescubrimos".

Si les parece demasiado quijotesco empezar a ver gigantes y bisontes, y casas que son palacios encantados, y sueldos que resulta que son fabulosas fortunas, y coches que era carruajes barrocos, etc., no piense que ha perdido la cabeza, en absoluto. Hacienda, ¿y hay algo más serio que Hacienda?, también cree en su mito a pie juntillas, y se lo cobra.

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