OBITUARIO

Fernando Santiago

Ciudadano de Euscádiz

Contaba José María Calleja que una vez le llamaron de la Asociación de la Prensa de Cádiz para preguntarle si él y otros compañeros irían a Cádiz a recoger un premio que les habían concedido a los periodistas vascos, en los años de plomo de ETA , cuando había muchos periodistas amenazados por la banda. Vino Calleja con Miguel Ángel Iríbar, otro periodista amenazado, se premiaba así al valor cívico de quienes supieron hacerle frente al terror y a la barbarie. Contaba siempre que cuando venía a Cádiz lo hacía sin escolta porque podía pasear tranquilamente por la ciudad sin ningún temor dado el cariño y la admiración que siempre le profesaron los gaditanos. Desde aquella fecha coincidí con él en muchos lugares, en el programa que tenía en CNN+, que alguno dedicó al Bicentenario de la Constitución de Cádiz. En la Cadena SER. Un día que habíamos participado en la misma tertulia del 'A Vivir' con Montse Domínguez salimos a tomar un café . Fui a sentarme cuando me dijo: "Ahí no, yo siempre de cara a la puerta". Los años de soportar las amenazas de ETA le habían entrenado para ocupar un lugar desde el que poder observar la entrada del establecimiento por si algún criminal quería lo que al final ha conseguido el Covid-19.

Desde aquel lejano día en el que la Asociación de la Prensa de Cádiz le dio el premio, hace 26 años, se había convertido en un gaditano más. Durante años tuvo casa en Cádiz, ciudad de la que se consideraba un vecino más. Apenas ha podido disfrutar del ático en la calle Beato Diego que se había alquilado. Era habitual verle leer el periódico en San Francisco o en Ancha, comprar en el Mercado, pasear por sus calles, bañarse en Santa María del Mar. Asiduo a la mayoría de los actos que organizaba la Asociación de la Prensa era un extraordinario periodista, un comentarista agudo, un escritor sagaz, un tipo alegre, cariñoso y jovial, un gaditano de adopción que llevaba a gala su relación con la ciudad más que con el San Sebastián que le vio crecer.

El cielo consiste en pervivir en la memoria de los amigos, en Cádiz José María tenía muchos y muy buenos que no le olvidaremos jamás. Cuando se pueda le haremos el homenaje que el periodismo y Cádiz le deben. No podrá estar Emilio López pero allí estaremos Carmen, Jorge, Kity y todos los que le quisimos tanto. Una vez le leí a José Saramago que un correo electrónico no podría jamás superar a una carta porque una lágrima no emborrona un ordenador. Escribo esto sin poder contener las lágrimas por la muerte de un gran amigo, de un maestro, de alguien a quien admiraba profundamente. Estas lágrimas no emborronarán el teclado pero me impiden seguir escribiendo. Agur .

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