Martín José García Sánchez

Abogado y graduado social

Nuestra Ciudad de la Justicia ante el cambio político

La misma noche en que conocimos el cambio político en Andalucía, como profesional jurídico, uno de mis primeros deseos fue el de reclamar por fin nuestra ansiada Ciudad de la Justicia, y es que en Cádiz ya estamos hartos de esperar y esperar, ante la incertidumbre, el desasosiego y las veleidades de unos y otros, algo tan fundamental y básico, como es dotarnos de un recinto mínimo, único, adecuado y razonable para ubicar todos los órganos jurisdiccionales de la ciudad.

Así lo venimos reclamando todos los operadores jurídicos desde años atrás, y no solo los abogados, procuradores y graduados sociales, sino jueces y magistrados, funcionarios y cuantos ciudadanos en algún momento, han tenido que acudir ante los estrados de una sala de vistas, o a una oficina judicial para cualquier trámite o comparecencia.

Y como solemos estar ocupados, aquella noche de las elecciones, me limité a tomar nota en mi agenda con esta frase: “tengo que escribir sobre lo nuestro, la Ciudad de la Justicia, y reclamar al nuevo Gobierno “.

Y ha llegado el momento de hacerlo, ante la visita de nuestro flamante nuevo presidente de la Junta de Andalucía a Cádiz, y leer en la prensa, que en su visita a nuestro alcalde se ha hablado, entre otras cosas, del tema.

Magnifico, me parece estupendo, y por eso, con la legitimidad que ostento, como gaditano, abogado y graduado social con casi 50 años de ejercicio, les pido a ambos, a mi presidente y a mi alcalde, que le den prioridad a esta necesidad básica de Cádiz. Consciente, eso sí, de que existen otras, como el proyecto del nuevo hospital o la falta de trabajo y oportunidades para los jóvenes, que les obliga a dejar su querida tierra, todo lo cual es preocupante, y debe ser abordado también por nuestros gobernantes de una vez por todas. Pero, pónganse ya a ello.

Pero voy a lo mío, “a mi libro” como diría Camilo José Cela.

Pues bien, Sr. Moreno, si como dice, va a ordenar una auditoría, díganle a los gaditanos cual es el importe total invertido en el pago de alquileres durante los años del gobierno anterior en los actuales locales de los juzgados y dependencias judiciales de nuestra ciudad. Seguro que será una fortuna.

Y nos preguntamos, ¿es que con esos importes no hubiera sido posible haber ya construido la proyectada Ciudad de la Justicia en Cádiz, en Tolosa Latour?. O en cualquier otro solar, que en Cádiz, los hay, y llevan años así.

¿No se podía haber pedido un préstamo o una hipoteca para su financiación con los millones gastados en alquileres?. Soy de letras, no de ciencias, pero eso es de primero de básica. Vamos, de economía familiar.

Mire Sr. Bonilla, le voy a contar una anécdota, pero real, que quizás conozca y no sea necesario, pero es elocuente de la necesidad de tener ya nuestra Ciudad de la Justicia, como en tantas otras capitales de Andalucía.

Ocurrió en Málaga, cuando los Juzgados de lo Social estaban dispersos por varios pisos de la capital, y en uno de ellos se celebraba aquel día un juicio de incapacidad de un trabajador. Era un espectáculo ver al numeroso público en escaleras y rellanos del edificio, dadas las dimensiones del piso y lo inadecuado del lugar para tal fin.

Comenzado el acto, y llamado a sala el trabajador, este quiso explicar algo de inicio, a lo que se le replico desde estrados que callara y guardara el orden, que ya hablaría si se le preguntaba.

Sentado, lo intentó en otra varias ocasiones, y en todas ellas se le dijo lo mismo. Concluido el acto, fue llamado a firmar el acta, respondiendo lacónicamente: “¿Quién firma Pepe o yo? Es que soy el taxista, Pepe está en la puerta, no puede subir, y yo solo venía a decirlo”. Algún compañero murmuró en la sala: “Pues que le den la invalidez al taxista”. ¿Gracioso? No, penoso.

Por eso, Sr. Moreno y estimado alcalde, pónganse de acuerdo ya, y empiecen a construir nuestra necesaria y urgente Ciudad de la Justicia, que urge, para que algunos, como yo, ya mayores, podamos conocerla. Y dótenla, que no quiero ser más pesado en mi reivindicación, peso si no fuera por el esfuerzo, trabajo y entrega de nuestros jueces, de nuestros funcionarios y de nosotros mismos, que lo padecemos junto a los justiciables todos los días, deambulando de un lado para otro, más de un Pepe hubiéramos tenido en su taxi, esperando a su cliente para ver como lo subían al Juzgado.

Muchas gracias, y no olviden que nos vemos en las urnas.

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