Con la venia

fERNANDO / SANTIAGO

Chiringuitos

LA modernidad ha venido y nadie sabe como ha sido. Aprieta el calor y la gente se va a los chiringuitos. Antes eran de vaso en tecnicolor, tortilla de papas y paella. Ahora son de diseño en blanco y cristal en plan minimalista, chill out y sunset. Antes se llamaban Bar Jerónimo, Bar Ramón ("las olas vienen y van pero el bar Ramón siempre en su sitio") y Media Barba. Ahora se llaman Marimba, Kalabeach o Nahu Beach. Todo sea por el exotismo. Ya no hay sitio para el casticismo, ya no quedan cruzados Don Romualdo que nos cuenten el momento mágico en que el de la barra la vio carita de guachisnai y el julandrón le cobró trescientascuarentaysai. Sobre todo porque ahora se mide en euros y si dices julandrón te llaman homófobo y entonces te has caído con todo el equipo.

Ahora hay camareras jóvenes con ropa corta y ceñida, seleccionadas a través de un exigente casting para que no te importe al final si la bebida está fría y la comida caliente o al revés. Qué más da. Ya no hay tortilla de papas, tuviera que ver. Ahora todos los chiringuitos te ofrecen comidas exóticas o deconstrucciones variadas, tal es el daño que ha causado en España Ferran Adriá. Ni los chiringuitos han quedado libres de sus infaustos designios. Ahora Ángel León te cocina unas bioluminiscencias en el Atenas Playa mientras un saxofonista toca cualquier melodía en el momento especial en que se pone el sol y alguien presta atención por si es verdad que sale el rayo verde o fue una mala tarde con una copa de Vega Sicilia en la mano. Incluso algunos guiris se arrancan con el aplauso a la puesta de sol, no se sabe si es para animar al antiguamente denominado Astro Rey, si para dar las gracias a la Divina Providencia, por el efecto del gin tonic de frutas exóticas aromatizado con cardamomo y una esencia tropical o para quedar como auténticos conaisseurs que saben apreciar un espectáculo que ofrece gratis la naturaleza cada día del año. Es posible que en Madrid o en Sevilla vivan tan apelotonados en altos bloques que se hayan olvidado que cada día hay un orto y un ocaso del sol, aunque para saberlo les bastaría con leer los periódicos para darse cuenta, tan solo cuestan un euro con diez céntimos.

Entre espumas variadas, palabras inglesas, ginebra con colorines y música soul hemos pasado del chiringuito de toda la vida donde se acodaba el machito gaditano con su quinto de cerveza a morsegar a las pibas al espectáculo posmoderno. Cualquier día me animo y voy a la playa.

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