El Palillero

Chiringuitos climáticos

Hace medio siglo el agua llegaba al Paseo Marítimo con frecuencia. Un chiringuito de invierno era imposible

En estos días parece que todos nos hemos convertido en ecologistas pesimistas, y que quienes no alaban la maravillosa Cumbre del Clima son sicarios de Donald Trump. Pedro Sánchez ha conseguido llevar a Madrid esta cumbre descafeinada, ya que no asisten los líderes de los países que más contaminan el planeta, que son EEUU, China, Rusia y la India. Se ha organizado una semana después de la Cumbre Aeroespacial en Sevilla, que supuso un gran respaldo de España a la industria aeronáutica, con el ministro astronáutico Pedro Duque pidiendo más dinero para el sector, que tanto interesa en nuestra provincia. La industria aeronáutica unos días es muy buena y otros muy mala, según. Las ciencias adelantan una barbaridad. Pero la niña Greta ha ido en catamarán por los océanos, a su ritmo, y se quedó a descansar en Lisboa. Con Iberia ya hubiera llegado, varios días antes, a la inauguración.

Por supuesto, no voy a dudar del calentamiento global, aunque unos años se nota más que otros. Sin embargo, también se debe decir que algunas profecías de expertos son como las del pitoniso Pito. Son para acongojar. Y así, si dentro de medio siglo las olas no han devorado la playa de Cortadura, significa que nos han engañado; o que se han equivocado, según lo quieran ver.

Y ahí es donde quería llegar. La gente habla de lo que pasará dentro de medio siglo, pero yo recuerdo lo que ocurrió cuando era un niño, hace medio siglo. Entonces había más inundaciones que ahora en España y llovía más. Sufrieron catástrofes Valencia, Sevilla y Chiclana, entre otras. Después de unas obras públicas adecuadas, muchas ciudades españolas ya no las volvieron a sufrir. Es decir, que la mano del hombre puede ser mala, o buena, según lo que haga.

En cuanto a las mareas, se debe recordar que hace medio siglo el agua llegaba al Paseo Marítimo con mucha más frecuencia. Un chiringuito de invierno hubiera sido imposible en 1965. El restaurante Jerónimo, que estaba en la playa Victoria, se inundaba casi todos los años en la temporada de otoño-invierno. Los bloques del Campo del Sur no están por decoración, sino que los puso allí la mano del hombre, que puede ser buena o mala, según lo que haga.

Los chiringuitos de invierno demuestran que Cádiz todavía puede salvarse. Vamos a empezar por el Piojito, donde los ecologistas municipales permiten que instalen los puestos sobre el carril bici y arrojen plásticos a la bahía, en vez de depositarlos en el contenedor para reciclarlos. Ahí también influye la mano del hombre.

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