Está claro que el alcalde de Chipion se equivocó en su intento de chipionizar el Guadalquivir, pero yendo al fondo de la cuestión sí es cierto que en muchas ocasiones somos injustos a la hora de hablar de esta ciudad debido al natural embelesamiento que tenemos con Sanlúcar. Es como cuando hay dos hermanos y uno es premio Nobel y todo el mundo se fija en él sin darse cuenta de que el otro tiene también muchos méritos.

No cabe duda de que Chipiona tiene muchísimos méritos. Me fijo sobre todo en lo que es la gastronomía, que es la parte de la vida que más disfruto. Siempre me gusta darme una vueltecita por la plaza de abastos de la localidad, un gran patio de lo más agradable donde se puede encontrar un surtido de productos impresionantes, desde los mariscos y pescados, con langostinos que te guiñan con los bigotes para que los cuezas de inmediato, hasta la importantísima huerta chipionera, pasando por un mundo chacina bastante interesante.

Me encanta tomarme los churritos junto a la plaza o acercarme hasta El Gato para comerme su famoso bocadillo de cachitos. El casco antiguo de Chipiona es agradable para pasear. Me encanta hacer paradas en La Pañoleta para tomar cazón de verdad, disfrutar con unos langostinos cocidos como los preparan en el Bar Franchi, en la calle Isaac Peral o jincarme de rodillas con la corvina con salsita alioli que ponen en el bar Aurora.

Chipiona tiene también su vino, el moscatel. Tomarlo en El Castillito, una taberna de esas de bulla que hay en el casco antiguo, cerca de la playa, es uno de esos espectáculos que no se pueden dejar de disfrutar, igual que el moscatel de pasas que tiene César Florido o tomarse una tapita en las tabernas que tiene junto a ella la bodega de la provincia que tiene un nombre más curioso, la Católico Agrícola.

Reconozco que en Chipiona he disfrutado de momentos inolvidables. He visitado 'monumentos' como los fideos marineros de El Volapié, la impresionante lubina a la parrilla del restaurante Los Corrales o las coquinas de Casa Paco, uno de los restaurantes mejor surtidos de pescados y mariscos de España y que merece también una placa muy de honor en la gastronomía gaditana, sin olvidar tampoco las tortillitas de camarones de Casa Ricardo o las gambas al ajillo de Casa Juan.

Está también el espectáculo de los corrales de pesca, de la playa de Las Tres Piedras, y dos espectáculos dulces muy comestibles, el helado de moscatel de pasas de La Valenciana y el chachipó, un bizcocho borracho de categoría que te ponen en la pastelería de Joselito El Chato. Está muy bien que le demos muchos besitos a Sanlúcar, pero Chipiona también los merece. Y muchos. Vamos a dárselos.

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