En los últimos años del pasado siglo, casi con el XXI llamando a la puerta, la entonces compañera en la redacción Pilar Casanova, fallecida hace cuatro años, contestó sin dudarlo un segundo a una pregunta que le hice aprovechando su sapiencial bagaje de periodista internacional. ¿Cuál será el próximo imperialismo del mundo?, pregunté. Y respondió: "Será de China y será económico". Quienes manejábamos entonces los teletipos sabíamos, o intuíamos, que algo estaba cambiando en China. Que, por ejemplo, las noticias de algún accidente mortal ya no llegaban, como solía pasar, dos semanas después de haberse producido. El gigante chino, aunque con pasos pequeños, empezaba a virar su economía haciendo un equilibrismo supino con su régimen político. La querida Pilar, de poder hacerlo, esbozaría hoy su peculiar sonrisa al comprobar el pulso económico del catastrófico Trump con China en la pugna por el imperialismo del futuro.

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