¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Charlas con Susana y Juanma

Alguien, preferentemente de su entorno, debería de hablar muy seriamente con Susana Díaz. Decirle, con todo el respeto que merecen las personas en el momento de la derrota, que esto se ha acabado, que ha llegado al final de la escapada, que en las democracias representativas no gana quien más votos saca, sino el que logra armar una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar, justo lo que ella nunca conseguirá en el paisaje político surgido en Andalucía tras el 2-D. Lo demás son pamplinas, ganas de liarla y de hundirse más en el cieno del ridículo. Debería contarle que los roedores ya han empezado a abandonar el barco y que se pueden contar con los dedos de las manos de un manco los apoyos que le quedan en el PSOE. También que, muy cerca de su despacho, más al sur, en la Plaza de España de Sevilla, ya se ha activado el plan renove del socialismo andaluz.

Bien mirado, al PSOE-A se le abre una oportunidad única para regenerarse y repensarse. La derrota le puede dar la paz necesaria para ello, lejos de la angustiosa obligación de conservar el poder para alimentar a una profusa tropa de arrimados y comisarios políticos, esa oronda legión que había convertido a la Junta en un monstruo ineficaz sin más objetivo que repartir la mamela. El PSOE debe ser consciente de hasta qué punto había calado el hartazgo en amplios sectores de la sociedad andaluza, dispuestas a votar cualquier cosa (incluso a Moreno, Marín y Serrano) para mandarlos al banquillo.

Por su parte, alguien debería hablar también con Juanma Moreno; hacerle ver lo frágil de su victoria; subrayarle que los andaluces no le han dado la oportunidad para volver a ver (como ocurrió en pasadas elecciones municipales o nacionales) un despliegue de insolencia pepera, un desfile de jasps cegados por el poder y sus placeres; susurrarle que, en el caso de que finalmente se consume su ascenso a la Presidencia de la Junta, debe gobernar para todos, sin el sectarismo mostrado durante 40 años de socialismo, pero sin olvidar los principales compromisos de su programa y los de los partidos que presumiblemente lo apoyarán. Indicarle que debe recordar siempre la lección extremeña, la del fugaz Monago, o mejor, la gallega: verano de 2005, el socialista Pérez Touriño, gracias a un pacto con el BNG, consiguió acabar con más de 20 años de monopolio popular, pero las trifulcas con sus socios y la ineficacia en la gestión devolvieron el poder al PP en 2009, que ahí sigue. Por cierto, que Touriño dimitió como secretario general la misma noche del fracaso electoral.

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