Cateto a babor

La Casería, patrimonio de la Bahía

Lo fácil sería meterse con Costas, pero no lo voy a hacer. Tienen una temática a administrar complicada y en la que chocan muchos intereses. Respeto enormemente la labor de los técnicos de este departamento y sería una osadía por mi parte, sin tener ni idea del tema legislativo y técnico, criticar sus argumentos.

Pero sí creo que a la hora de analizar el conflicto surgido con la Casería de Ossio habría que tener en cuenta el valor de los sentimientos, un tema que no sé si está entre las cuestiones que se valoran a la hora de legislar.

La Casería de Ossio es uno de esos lugares a los que siempre se lleva a los visitantes cuando quieres enseñarles San Fernando. Los turistas alucinan con la Iglesia Mayor, con el Panteón de Marinos Ilustres, medio se emocionan cuando caminan por la interminable playa de Camposoto o aplauden cuando ven un paisaje de salinas. Pero donde de verdad se les caen dos lagrimones es cuando uno los sienta en la terraza del Bartolo o de Casa Muriel y se comen un pescaíto frito casi mojándose los pies y mirando a la Bahía pa dentro, cuando siempre la miramos pa fuera.

Ese paisaje irrepetible de La Casería no es nuevo. Tiene su historia. El primer bar que se puso está desde 1934, no es algo nuevo. Tiene casi un siglo de historia. Se puede contestar que no todo lo antiguo tiene que ser bueno y que no todo lo popular es lo correcto y estaremos de acuerdo en esas reflexiones. Pero creo que limpiar el paisaje de La Casería no sería mejor para la ciudad que lo que hay ahora, cuyo valor sentimental es muy grande y ni siquiera la colocación en la zona de tres grandes bloques de pisos logró terminar con su encanto.

El encanto no siempre está en lo limpio, en lo perfecto. La fealdad, lo estrambótico, lo singular, también tiene su atractivo y no cabe duda de que La Casería, como está actualmente, me atrevo a decir que es el monumento más visitado de San Fernando, quizás en dura competencia con la Venta Vargas.

Creo que la singularidad del sitio, su historia, su indudable atractivo turístico, debían de pesar a la hora de tomar una decisión. No vaya a ser que por ordenar algo, lo que terminemos es desajustando uno de los paisajes con más personalidad de la Bahía. La flexibilidad debe estar en este caso muy presente.

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