Cuchillo sin filo

Francisco Correal

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Casa Blanca

LA casa donde vivo es un palacio, dice Max Estrella en Luces de bohemia. El país donde a mi hija le permiten estudiar y trabajar es mi patria, aunque yo no haya puesto ni una vez mis pies en los Estados Unidos de América, con la salvedad de un par de días en San Juan de Puerto Rico, Estado Libre Asociado, cuando en septiembre de 1988 llegamos con Miguel de la Quadra Salcedo a la ciudad que en el siglo XIX era conocida como Cádiz la chica.

Mi hija Andrea lleva dos agostos consecutivos marchándose a Estados Unidos. En Athens, prestigiosa Universidad del Estado de Ohio, ha leído a Larra y a Espronceda, ha perfeccionado el inglés y le ha hablado a sus alumnos del Poema de Mío Cid y La Celestina. En su programa académico figuran libros del lingüista Rafael Lapesa y el poeta Luis García Montero. El 7 de agosto del año pasado, mientras ella volaba de Lisboa a Nueva York, nosotros regresamos a Ayamonte. En esta villa fronteriza encontré un curioso nexo de mi nuevo paisanaje. En el periódico de una cafetería de la plaza de la Ribera leí la información sobre el primer debate entre candidatos del Partido Republicano celebrado en Cleveland. Junto a Donald Trump figuraban nombres que todavía tenían posibilidades como Ted Cruz, Marco Rubio, Jeb Bush o John Kasich, gobernador del Estado de Ohio. Un año después, sólo quedó Trump.

El 16 de agosto de 2016, aniversario de la muerte de Elvis Presley, mi hija volvió a marcharse a Estados Unidos. En el tren de cercanías que la llevaba hasta el aeropuerto Adolfo Suárez se encontró con Irene, una de las tres compañeras de apartamento en Athens, que comparten dos sevillanas, una valenciana y una argentina. Mañana van a vivir una jornada histórica, que puede acabar con la llegada de una mujer por primera vez a la Casa Blanca o con el triunfo de uno de los diez candidatos de aquel debate de Cleveland que seguí en un café de Ayamonte.

La noche del sábado en Antena 3 y en la Cuatro pusieron dos películas, Asalto al poder y Air Force One, en las que sendos comandos intentan atentar contra el presidente de los Estados Unidos. El país donde vive mi hija, donde redescubre a Clarín y a Galdós, es mi patria. Sus pies son los míos que nunca puse allí. En su defecto, este año leí a Philip Roth, DonDelillo y James Ellroy, le han dado el Nobel a Bob Dylan y el Princesa de Asturias a Richard Ford. Nunca debimos dejar el Mississippi.

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