Calle Real

Enrique / Montiel

Carta a Anne

He pensado mucho en ti, Anne, estos días. Estoy seguro de que no te ha hecho en absoluto feliz que el mundo entero mirara a París, especialmente el día de la masacre de Charlie Hebdo y el pasado viernes, cuando las fuerzas de seguridad de Francia acorralaron y dieron muerte a los asesinos. Eres la Alcaldesa de París, es lógico que lo que deseas siempre es que el mundo vea un París amable, lleno de museos y de todo lo bueno, como se dice en tu pueblo, la Isla de Camarón. Si yo fuera Alcalde no sería feliz con las malas noticias sino con las buenas. Pero es que las de París han sido pésimas, lo sabes mejor que nadie. Pésimas. Porque en Francia, y París es una gran parte de Francia, hay muchos musulmanes y está Marine Le Pen y la tentación xenófoba siempre. Es la III Guerra Mundial esto que ocurre aquí y allá, lo que va estallando, esta imprevisibilidad. Lo dicen muchos ya, cada vez más, no sólo los insensatos. Es mundial, es guerra. Sobran los motivos. Y bien sabes tú las difíciles relaciones entre la libertad de prensa y los derechos que se pueden sentir vulnerados. ¡Pero es Francia! ¡Eres la Alcaldesa de París! En 1810 se promulgó en tu pueblo, aquella heroica Real Isla de León, sitiada por los napoleónicos, oh paradoja, el famoso IX Decreto de la libertad de imprenta. Hubo debates de mucha calado y mucha pasión. Aquellos paisanos temporales tuyos, pese a todas las reticencias y suspicacias, lo aprobaron, como más tarde suprimirían la Inquisición y tantas y tantas cosas que hicieron para la felicidad de los españoles. Pero vamos, París había sido la ciudad de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que fue el primer Corpus esencial del progreso de la libertad del hombre.

A veces la cabeza se va tras de estos pensamientos para escapar del horror de las imágenes de los asesinos y de la parálisis que provocan, que no es miedo propiamente dicho, es estupor, es impotencia, es decir que no hemos avanzado nada, hemos retrocedido, vamos retrocediendo en este paso atrás que puede ser la historia que sale por el ojo del fusil.

Hoy, Anne, puede que recuperes tu sonrisa franca y sincera, porque hoy el mundo estará en París, contigo, con todos los franceses de buena voluntad que han luchado por una República de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Imagino la multitud que nos representará a todos los europeos y al mundo que se ha sentido CharlieHebdo abatido por el odio y esa guerra de la insidia infinita que nos han declarado al mundo.

Anne, estoy seguro de que muchos como yo, en esta Isla de Camarón, donde tanto se te admira y quiere, estarán en la Manifestación Je suis Charlie "en espíritu y verdad", como dice el Evangelio. Otra vez más habrá que levantarse y volver a caminar. Mucho más tú, querida amiga Anne, a la que tantos vecinos del mundo miran y en quien confían para seguir hacia delante.

Con mi cariño siempre.

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