Educación Un gaditano consigue la devolución del dinero de un máster contratado que no cumplía las expectativas

ME parece bien la propuesta formulada por Mara Rodríguez, portavoz del PSOE, para elaborar una ordenanza con motivo de regular los cambios en el nomenclátor, sin perjuicio de que sea menester aplicar la legislación vigente, entre otras la Ley de Memoria Histórica que, por cierto, es interpretable en algunos casos. No puede ser que cuando se muera alguien se recojan firmas para pedir una calle por el mero hecho de que era una buena persona. Hay muchas buenas personas en Cádiz, la mayoría gente silenciosa que cumple con sus obligaciones, que hace el bien a su familia, sus vecinos y sus compañeros, pero que no ha adquirido la fama necesaria para que se recojan firmas y el alcalde de turno pueda quedar bien. En una ciudad tan pequeña como esta, donde no se crean nuevas calles, está bien tener un reglamento que determine el procedimiento por el cual se le pone una calle a alguna persona, el motivo por el que se quita y la mecanismo administrativo. No se trata de que alguien quede bien, sino de que la ciudad pueda honrar a sus vecinos. A mí me parece bien que se recuerde a Miguel Ángel Blanco, faltaría más, pero hay muchas víctimas de ETA tan dignas de ser recordadas como él. Ya tenemos una muy justa glorieta dedicada a Alberto Jiménez Becerril y su mujer, víctimas de ETA. Cuando se puso ese nombre quizás se podía haber dedicado a todas las víctimas fueran del partido que fueran, como se hizo con la glorieta de los Periodistas que rinde homenaje a toda la profesión, los más famosos y los anónimos. Tampoco está de más pensar que las calles con nombres propios son mucho menos interesantes que las que tienen nombres debido a otra circunstancia. Es más bonito el Callejón de los Negros o el Callejón de los Piratas que Cánovas y Sagasta, mejor calle de los Doblones que Manuel Rancés, calle del Torno que Teniente Andújar, mejor Piojito que Merced, mejor calle de la Carne que Columela, qué pena la de los Flamencos Borrachos. Se desconoce el motivo por el cual ha habido tanta prisa para cambiarle el nombre al Estadio mientras siguen rotuladas Brunete, Ejército de África, Guillén Moreno, colegio Carola Ribed o a ese pobre corneta de reemplazo que recibió la bala destinada al General Varela, Soto Guerrero. No se sabe el motivo por el que no se cambia todo el nomenclátor que va contra la Ley de Memoria Histórica, solo uno. Aparte de que el procedimiento es de lo más mamarracho: vamos a saber antes el resultado de las elecciones americanas que el de la consulta sobre el nuevo nombre del Carranza, aparte de la cantidad de irregularidades cometidas en el procedimiento. Si el Equipo de Gobierno estaba tan convencido, haberlo hecho del tirón y para todas las denominaciones.

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