El Palillero

José Joaquín / león

Carnaval partidista

LA bronca política de Cádiz ha llegado al Carnaval, que no ha sido respetado. Hasta el año pasado, los enfrentamientos entre partidos no tocaban a esta fiesta. Y, visto lo ocurrido, se puede esperar lo peor para los próximos años. Es cierto que la actitud del alcalde González con el otro González (el portavoz del PSOE), en el último pleno, fue impresentable. Es cierto que la actitud con el palco es demagógica, cutre, tercermundista e impropia de una ciudad trimilenaria. Se puede dar entradas para los espectáculos a colectivos desfavorecidos con discreción y sin exhibirlos a los fotógrafos. El palco municipal debe servir para la representación de la Ciudad y las autoridades, que son legítimas en una democracia. A pesar de todos los pesares, los concejales del PSOE y de Ciudadanos debieron acudir a la final, precisamente para demostrar que tienen un sitio como representantes de sus votantes.

Por otra parte, el alcalde no se puede comportar así para plantear oposición a la oposición, que es lo que mejor sabe hacer en el Ayuntamiento. Puede que lo único. Y, desde luego, es impresentable que ponga como condición para ser entrevistado en Canal Sur por Modesto Barragán y Manolo Casal que le acompañe un intérprete de lenguaje de signos, que actualmente están en un conflicto laboral. En la final esos intérpretes no iban a traducir con signos los pasodobles de Martínez Ares, ni las parodias de Gago. Y a Juan se le entiende todo. Son ganas de incordiar para nada.

El Carnaval ha entrado en una utilización partidista que es peligrosa. También en los temas que cantan algunas agrupaciones. Los autores (y el mundo del Carnaval, en general) han sido legítimamente de izquierdas en su mayoría, aunque en el régimen anterior se cantaron coplas que hoy darían vergüenza ajena, y había algunos autores falangistas y hasta requetés. La crítica está asumida. Eso es normal y hasta saludable.

Aquí se ha criticado a Carlos Díaz, del PSOE, y a Teófila Martínez, del PP. Como se ha criticado a Suárez, Felipe, Aznar, Zapatero y Rajoy. A unos más que a otros, pero a todos en general por representar el poder. A Kichi se le ha criticado poco todavía, lo que hasta se puede entender. Pero lo que no entiendo es que una comparsa le cante un pasodoble durísimo a Fran González (incluso entrando en lo personal), que se lo podía haber cantado el mismo Kichi en un pleno, aprovechando sus dotes de comparsista. El Carnaval crítico tiene su sitio, por supuesto, pero al que se aprovecha para un uso partidista hay que darle un buen cajonazo.

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