José María Caravaca

Hermano de la Santa Caridad

Caridad en la mar

El 18 de octubre salió de Cádiz el ‘Quetzal’, un carguero que sufrió un incendio en alta mar del que se salvaron tres personas gracias a la ayuda de otro barco

El 'Quetzal', fondeado en Tánger.

El 'Quetzal', fondeado en Tánger.

Fechada el día 23 de octubre de 1916 se conserva en el Archivo de la Hermandad de la Santa Caridad de Cádiz una carta dirigida al entonces hermano mayor, Don José Bedoya, en donde se dice que “el patrón y marineros del barco pareja que recogió a los tres marineros del vapor Quetzal tienen verdadero interés en visitar al que se encuentra en el Hospital de San Juan de Dios…”. Naturalmente, se le contestó que lo podían hacer.

Todo lo relativo al naufragio me planteó una serie de dudas. ¿Qué barco era el Quetzal? ¿Qué pasó?

En los libros del hospital consta que el día 18 de octubre, sobre las 6 de la tarde se atendió en la Sala de Socorro a Mateo Robles, marinero del Quetzal, con quemaduras de segundo grado en manos, pies y toda la cara, quedando ingresado. Era natural de Tarifa, de edad 41 años, casado, y permanecería en dicho hospital hasta el 14 de noviembre de ese mismo año.

El Quetzal, según el Parte de Vigía del puerto de Cádiz, salió a la mar en la noche del 15 al 16 de octubre y decía que era un “vaporcito español, de 100 toneladas con carga general y 8 tripulantes para Tánger”. Hacía la línea a esa ciudad, saliendo sobre la medianoche para llegar allí, en unas 6 horas, al amanecer. También consta que su capitán era D. R. Galindo y estaba consignado a D. Manuel Soto.

La primera noticia en la prensa, la dio el Diario de Cádiz, en el suplemento de la tarde del miércoles 18 de octubre diciendo: “En el Mar. Incendio de un Vapor. Totalmente perdido. Varias desgracias”. Y relatando, a continuación, que sobre las seis de la tarde llegó al puerto de Cádiz un barco de pesca por parejas, de El Puerto de Santa María, trayendo a bordo a tres tripulantes del vapor Quetzal.

Escrito de la tripulación del 'Natividad' interesándose por el marinero hospitalizado. Escrito de la tripulación del 'Natividad' interesándose por el marinero hospitalizado.

Escrito de la tripulación del 'Natividad' interesándose por el marinero hospitalizado.

Informaba el Diario que este vapor llevaba un cargamento de “viruta para envase de huevos, patatas y carbón de cok” y que estando cerca del cabo de Trafalgar se produjo a bordo un incendio y que “los pasajeros que conducían se arrojaron al mar”. Decía también que los pesqueros habían recogido a los tres náufragos sobre las diez de la mañana de ese 18 de octubre y que “la camilla de Capitanía condujo al Hospital de San Juan de Dios al marinero del Quetzal, Mateo Robles Díaz” y que los otros dos “fueron por sus pies a sus casas”. Nunca más apareció ningún tripulante ni pasajero, vivo o muerto.

A partir de ahí la prensa, local y nacional, dio frecuentes noticias de lo ocurrido y, quizás también, un cierto halo de misterio en todo ello…

El Diario fue diciendo, en días posteriores, que el barco se había hundido, y que había tristes noticias de casi todos, tripulantes y pasajeros, entre ellos varios niños de corta edad.

Después diría que a las dos y media de la mañana del lunes, apenas unas horas de haber salido de Cádiz, se observó fuego en el barco, en la zona próxima a la chimenea, y que dado que se transportaba viruta de madera, que se inflama con facilidad, se arrojó ésta al mar, pero todo fue inútil y el fuego se extendió con mucha rapidez, por lo que se decidió abandonar el barco.

Se dice, en el Diario, que “entre el pasaje figuraban niños y mujeres que no habían sido autorizados por la Comandancia, para navegar en dicho buque” y que de ninguno hay noticias…

La noticia publicada en El Siglo Futuro, de Madrid, el día 19 incluía que “la viruta envolvía la carga de un piano y un automóvil que llevaba” y que “el barco llevaba pasaje y efectos reservados” y, a continuación, bajo el epígrafe de “nuevos detalles” decía que iban “21 pasajeros, entre ellos la esposa del fogonero; un matrimonio gitano con un niño de pecho, varias cabras y perros”. El vapor no estaba autorizado para el transporte de pasaje por carecer de condiciones.

Ya más adelante se supo que los supervivientes de la tripulación fueron Ricardo Hernández López, Manuel Vélez y el herido Mateo Robles y que habían permanecido en un pequeño bote “desde la hora del naufragio, dos y media de la madrugada del lunes, hasta la mañana del miércoles” cuando el Natividad, como se llamaba el pesquero portuense, los salvó.

También se decía que el consignatario del Quetzal, Don Manuel Soto, había pensado ir en el barco, pero cambió de idea y lo hizo en otro vapor y “a esto se debe, indudablemente, el no haber perecido”. Se volvía a decir a pesar de que “la nota de pasajeros presentada por el referido consignatario en la Comandancia de Marina, expresa que no conducía ninguno, el buque llevaba mujeres, hombres y niños de pasaje”.

También se dijo que la Comandancia de Marina había nombrado al teniente de navío Don Manuel Bastarreche como juez instructor.

En ese halo de misterio se encuadra también lo publicado por el Diario el día 20, en donde el propio consignatario decía que cuando fue a Tánger lo hizo acompañado, entre otros, de “Elías Cohen, secretario de El Mokri y de un mecánico. El automóvil que conducía el Quetzal era para este personaje marroquí. El carruaje se incendió”.

También, el 21 de octubre, el periódico La Época, de Madrid ya confirmaba que “el fuego comenzó a las dos de la madrugada, y en las virutas que cubrían el automóvil, que era propiedad de El Mokri; enseguida se propagó.” Y en el mismo sentido se dijo en La Mañana, también de Madrid, “entre los efectos quemados figura un automóvil de El Mokri, que embarcó en Cádiz su secretario”.

Digamos que Mohammed El Mokri era un alto funcionario marroquí, asesor y gran visir de varios sultanes. Fue secretario particular de Mohammed IV y embajador en España.

El Quetzal fue construido en 1867 en Inglaterra, como un verdadero yate, bajo el nombre de Kelpie y al ser adquirido en 1894 por José Martínez de Roda, marqués de Vistabella, le fue cambiado dicho nombre. Fue en 1905 cuando al pasar a manos de Miguel Díaz–Pinto sería transformado en carguero para operar en la costa marroquí y el sur de España.

Es verdad que hay cierto misterio en cuanto a saber cuál era de verdad la carga que llevaba el Quetzal, quiénes eran esos pasajeros “reservados” y no autorizados, por qué no viajaron en este barco los encargados de ese automóvil que bajo virutas se embarcó, dónde estuvo el verdadero origen del incendio … lo cual sigue así a hoy en día, dado que no ha sido posible localizar más información.

Pero lo que sí está claro es la determinación del pesquero portuense Natividad en auxiliar a los náufragos, en permanecer horas en la zona de búsqueda y en ese deseo de querer visitar en el hospital al marinero herido, ya su hermano. Caridad en la mar.

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