Cruzar el centro de Cádiz de punta a punta lleva poco más de 15 minutos, se puede zigzaguear por calles estrechas en las que de vez en cuando observas un coche intentando hacer maniobras de giro casi imposibles. En realidad, uno no sabe muy bien lo que pintan los coches en el centro de Cádiz, son una presencia anti-natural. Catedral o San Juan de Dios se volvieron peatonales y la ciudad lo agradeció. Ahora es la hora de plaza España y en poco tiempo se pensará que cómo no lo era desde siempre. Cádiz, con uno de los centros históricos más grandes de Europa es lo suficientemente pequeña para ser disfrutada como un paseo, pero con el cuidado de que no se nos transforme en Florencia, que es una ciudad museo. Lo suyo sería llevar de la mano lo peatonal con el impulso de una ciudad activa, para lo que es necesario habitantes y comercios. Sobran coches, faltan vecinos. Vecinos que caminen.

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