el catamarán

Rafael Navas Renedo

Z de Cádiz

SEMANA de despedida de Zapatero. Se va el presidente del Gobierno y se reúne con el Rey, el presidente del Congreso y los de otras altas instancias del Estado. También del extranjero, con reuniones que suenan a epílogo europeo de su mandato. Concluyen ahora ocho años de gobierno en los que, seamos justos, hay luces y sombras, porque en el momento de la despedida no hay que hacer leña del árbol caído, que buena leña le están dando cuando todo le viene en contra.

Me voy a quedar únicamente con algo que puede parecer superficial o intranscendente como es su presencia entre nosotros, los humildes y sencillos habitantes de esta tierra trimilenaria. Y la conclusión que saco es que le hemos visto poco, muy poco. Casi nada. Hemos de dar gracias a Doñana por situarse entre los más bellos parajes del planeta porque, de no ser así, quién sabe si hubiésemos tenido el honor de contar con su presencia. Ocho años, ocho, de gobierno, y ni un solo día le hemos visto posarse sobre estos límites salvo para mítines o descansar en el citado parque natural. Un momento. Hay excepciones, como el año en el que, desde Sanlúcar, se desplazó unas horas a Jerez para visitar su Ayuntamiento, gobernado entonces por Pilar Sánchez, declarada "Zapatero total" (¿cuestión de siglas?) y anunciar que iba a poner en marcha la Ciudad del Flamenco, un proyecto que duerme el sueño de los justos. Salvo ese detalle fugaz ante una de sus entonces declaradas fans, no hemos visto presencia alguna que nos haga pensar que la provincia de Cádiz le animó a dejarse caer por aquí . Puede referirse, con razón, a que desde la distancia fue sensible a los problemas de la provincia sin necesidad de estar presente en cuerpo y alma sobre los límites de la demarcación establecida por Javier de Burgos. El segundo puente, la alta velocidad, las carreteras, la mejora de los puertos... Todo céntimo de euro que llegó a la provincia de Cádiz durante su mandato. Correcto.

Pero aquí, en verdad, somos más de eso que se llama el roce familiar que hace el cariño. Y nos ha faltado. Porque una provincia y una ciudad que llevan el nombre de la Constitución que abrió el camino hacia las libertades en España se merecía al menos una visita, breve, del presidente. Y llegará el Bicentenario sin que José Luis Rodríguez Zapatero sepa dónde cae el istmo de Cádiz, que no ha visitado en ocho años a pesar de que su Gobierno constituyó una Comisión Nacional para el 2012. Sí, lo sé, son detalles, pero los detalles marcan. ¿Qué le hubiese costado? Nombrar a una ministra gaditana y aparecer en los repertorios del Carnaval no es suficiente. De las cinco letras de una ciudad llamada Cádiz, señor Zapatero, usted ha sido la última, la zeta. Ahora que tendrá más tiempo, aquí tiene usted su casa.

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