Notas al margen

Cádiz no puede pedir más

El Mundial de catamaranes nos da el subidón que hacía falta, ahora hay que aprovechar la ocasión que nos brinda

El Gran Premio de España de SailGP -al contrario que el Mundial de Vela del 92, que pasó desapercibido- está pegando fuerte para resaltar el potencial de Cádiz y la Bahía. Otra cosa es que Cádiz no intentara aprovechar un escaparate que verán 250 millones de telespectadores. Este Mundial por equipos, que se disputa en bahías como las de Sidney y San Francisco, ha descubierto aquí un campo de regatas ideal porque se puede disfrutar también desde tierra. De esta suerte los que acudan al paseo de Santa Bárbara de la capital, por ejemplo, observarán que estos catamaranes, valorados en 3,5 millones cada uno, realmente vuelan, gracias a la tecnología más avanzada y una estética muy parecida a la Fórmula 1.

La SailGP, el mayor acontecimiento deportivo que se recuerda, nos ha recetado un subidón de la autoestima que falta hacía. Estos espectáculos tan colosales nos recuerdan que la provincia con más paro tiene derecho a quejarse, pero siempre que tenga presente que como empecemos a hablar del desempleo de manera razonable nos volveremos locos, porque esto no hay quien lo entienda. A la vista de la que se ha organizado en Cádiz, con los hoteles a tope y casi sin posibilidad de reservar una mesa, es imposible explicarse el número de parados. Es como tratar de comprender que nuestros jóvenes se marchen de la Bahía donde todo el mundo sueña con pasar unos días, por no hablar de la gente que querría tener una casa para jubilarse. Quizá el origen de nuestros males está en que en vez de trabajar en la solución a nuestros terribles achaques, se nos da mejor discutir por pamplinas. De lo contrario, el mercado laboral estaría mejor pertrechado y no nos lamentaríamos por la falta de mano de obra cualificada cuando llega la carga de trabajo, sea en el dique o en los bares y chiringuitos de la playa.

Cada vez que la provincia acoge eventos de tanta categoría los saborea con la cara del pobre al que le regalan el mejor jamón y no tiene necesidad de ello. La prueba de su poderío y de que a Cádiz le va bien cada vez que se pone guapa y mira al mar es que el Gran Premio ha sido un éxito antes de arrancar. Nadie, ni siquiera el Rey, que le ha brindado su apoyo, ha querido perdérselo, empezando por la Armada, que se ha volcado exhibiendo lo mejor de la casa. Hace días que no queda ni una zodiac por alquilar desde Algeciras a Huelva. Y la organización está tan feliz que plantea crear un centro de alto rendimiento en El Puerto. Veremos si sacamos partido a todo ello con unas instalaciones náuticas tan infrautilizadas que deberían avergonzar a toda la Bahía. Y haría bien el Ayuntamiento de Cádiz en retomar tras la pandemia el programa de vela escolar por el que han pasado tantos niños. La mayoría luego no encuentra los medios para practicar este deporte tan ligado a nuestra historia. Cádiz ha de elegir entre soñar a lo grande o seguir quejándose. Pero en días como estos toca asumir que, al contrario que otras, Cádiz no puede pedir más.

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