Cádiz es muy chiquito

En Cádiz lo chico parece grande, de modo que gusta más lo chiquito. O lo chiquitito, más chico no lo hay

A propósito de la polémica por las terrazas de los bares entre el Ayuntamiento y los hosteleros, se debe recordar que Cádiz es muy chiquito. Eso forma parte del problema. Cádiz es como una isla formada por dos (Erytheia y Kotinoussa, a las que ahora llaman Eritea y Cotinusa), que incluso tenían un canal. Sin abundar en la historia, que ya la hemos contado otras veces, Cádiz no es como Nueva York o Shanghái, ni siquiera como Madrid. Ni tampoco como Barcelona, ya que las playas de Cádiz son mejores, y es preferible la Caleta a la Barceloneta. En resumen, pues sí: Cádiz es chiquito y eso condiciona todo. También los aforos playeros en pleamar.

La pequeñez chiquita origina el gaditano jartible. Insatisfechos con el Carnaval, en sus plazos, aquí se celebra el Carnaval Chiquito. Los años con procesiones en las calles (que eran todos menos este), en Cádiz salía el Corpus Chiquito de la parroquia de San Antonio, organizado por la Esclavitud del Santísimo (conste, para los ateos, que esa esclavitud es buena y no tiene nada que ver con Kunta Kinte). Y aunque no existe la Semana Santa Chiquita, algunos pusieron el grito en el cielo cuando se habló de organizar algunas procesiones en septiembre por lo del coronavirus. Sin olvidar dos via crucis veraniegos con pasos, que fueron como Semanas Santas Chiquitas. Nunca estamos satisfechos con lo que tenemos.

Obsérvese que es Chiquito, y no Chico. Aquí lo chico parece grande, de modo que gusta más lo chiquito. O lo chiquitito, más chico no lo hay. Cádiz es como para liliputienses sin Gulliver. Cádiz es lo más chiquitito de lo chiquito, por lo que no hay sitio según para qué. En el tiempo que tardaría Rajoy en recorrer la Gran Vía de Madrid, aquí vamos de Cortadura a la Caleta. En la carretera industrial (que no es una carretera, ni nada parecido) han salido hasta conejos, como si vivieran en el campo. A la verja del muelle la han retranqueado, y aún parece la Verja de Gibraltar.

Así las cosas, yo le doy la razón a Martín Vila en que es difícil colocar más mesas y más sillas en la calle de La Palma, o en la plaza de San Francisco. Son espacios saturados y el peatón no podría pasar. Pero en otros lugares a lo mejor caben seis o siete mesas más. Siempre con la idea de llenarlas, pues tener la ciudad con terrazas vacías sería lo peor de lo peor.

Contra el chiquitismo poco se hace. En Cádiz le ganaron terreno al mar, pero no se construyó aquel Cádiz Tres. En Cádiz hay lo que hay. Aun así quedan locales y solares vacíos. Y han frenado los pisos turísticos.

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