RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez Azaústre

Boxeo de sombra andaluz

EL día que tengamos un debate sobre la realidad de Andalucía podemos comenzar a votar. Lo de ahora es puro pugilato, pero no un diálogo sincero. Lo de ahora, sobre todo, es un combate tedioso de boxeo, que es lo peor que puede tener el boxeo, como rápidamente aprendió Sylvester Stallone cuando escribió el guión de Rocky. El combate que estamos observando, exento no ya de ideología, sino de propuestas concretadas en un proyecto quirúrgico que pueda comenzar a sacar la región de su propio quirófano, es tan aburrido que golpea peor que el peor gancho de izquierda. Es como si los políticos andaluces se hubieran anclado en el ciento amarillo, y no en el una vez rojo, porque aquí no se cantan las verdades atroces del diagnóstico, sino las culpabilidades de la fiebre. Y los enfermos, al menos una vez, prefieren ponerse una vez rojos de temor y de duda, de indefensión y de fragilidad, en vez de estar oyendo cada día una cantinela que no es el peor diagnóstico, pero tampoco el mejor, y nunca dice toda la verdad. Andalucía, como paciente, lo que muestra son síntomas urgentes.

Como pugilistas, y también en plan Rocky, gana Javier Arenas, que ha perdido algunos de los combates visibles de una carrera larga frente al anterior defensor del título: un Manuel Chaves que es la explicación, en parte, de este K.O. andaluz. Javier Arenas tiene, sobre todo, un buen juego de pies, pero sabe fajarse, aguantar las pegadas, recular, escorarse, fintar y así esperar su mejor momento predecible, el que lleva aguardando desde el primer gong de la campana. El gran mérito de Javier Arenas es la resistencia, continuar en el centro de su propio desgaste, que es la virtud que Cela deseaba a cualquier aspirante a escritor: resistir, porque el que resiste gana. José Antonio Griñán, en cambio, no demuestra otro discurso que depender del propio agotamiento ajeno, lo que ya parece grave de por sí: no resistir, como resiste Arenas desde el 94, sino aguantar la resistencia ajena, que estratégicamente es una tristeza.

Agitar el miedo a la derecha es tirar la toalla discursiva. Arenas sólo espera la caída del fardo sin gastar energías sacudiendo el vientre de un sparring que ni siquiera está defendiendo su propio título. En fin, que se peguen más o menos, hablen más o menos de sus estrategias -mucho hay de ajedrez en el boxeo, pero muy poco hay, desgraciadamente, de ajedrez, en los discursos políticos andaluces de hoy-, el moribundo sigue encima de la mesa. Y hay que votar, ahora, al que golpee mejor o al que se deje pegar. O al que deje pasar el tiempo de la caída ajena, que es una actitud inteligente y sin épica. Pero quién quiere épica. Muchos andaluces quieren cirujanos que sepan abrir, reparar y coser.

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