Su propio afán

'Boozy halo'

Resulta que las raíces cristianas de Europa son, para ser precisos, las raíces de una vid

En las XII Jornadas Católicos y vida pública que se celebran hoy y mañana en Jerez, me han invitado a una mesa redonda sobre "La influencia del cristianismo en la cultura". Me toca hablar de literatura y, como no hay el tiempo sempiterno que el tema requiere, me han sugerido que me centre en los famosos conversos ingleses: Tolkien, Chesterton, Lewis, entre otros. A cambio, yo he pedido que, en vez de las consabidas botellitas de agua, pongan unas copas de jerez, aprovechando el Marco (incomparable), el tema y que siempre es momento. El agua clara aclara muy bien la garganta, quién lo duda, pero el jerez también el espíritu. Lo dice el Talmud: "El vino nutre, refresca el alma".

Y resulta que las raíces de Europa son raíces de cepa. Eso lo vieron bien los ingleses de los que voy a hablar. Tanto lo vieron y lo bebieron que Wells, que era abstemio además de ateo, protestó del boozy halo of Catholicism, esto es, del halo alcohólico que Chesterton y Belloc habían aportado a la causa. En realidad, el halo venía de antiguo (el hálito hace al monje), de la Merrie England y del antipuritanismo, que es una veta pura de la Iglesia. Chesterton era muy forofo del in medio, virtus aristotélico: ni la obsesión del alcohólico ni la prohibición del abstemio, el placer del bebedor. O también: ni el sibarita que se baña en vino ni el puritano que bebe agua: todo en su lugar.

Para no beber con el estómago vacío, lo iban acompañado de un gusto parejo por los chuletones; y viceversa. No es casualidad que los dos grandes apologetas de la fe, Tomás de Aquino y G. K. Chesterton estuviesen como toneles. No hay error más peligroso o, al menos, más antipático que el gnosticismo. Un buen gordo está libre de ese espiritualismo zen que tiene ojeriza a la materia. ¡Con lo bien hecho que está el mundo!, según el Génesis. La clave de todo está en la Encarnación, encima. Que Juan Manuel de Prada y yo mismo también estemos orondos no quiere decir, ay, que vayamos a seguir los pasos de nuestros maestros, pero al menos nos libraremos de las múltiples tentaciones intelectuales que derivan de la frugalidad, y de la manía de mirarnos al espejo o de pesarnos.

Frente a veganos, vigoréxicos, fanáticos de la enzima milagrosa, dietistas, gimnastas, abstemios y demás multitudinarias sectas modernas, en Jerez unos pocos hablaremos de las raíces cristianas de Europa. Haciendo hincapié en que son raíces de vid.

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