Puente de Ureña

Rafael / duarte

Bocanegra y Platero

Un látigo de luz en la persiana con su código morse de rayitas. Algarabía de gorriones. El sueño con su nido de araña en la cabeza. Te despiertas con entusiasmo y con obligaciones, con consternación y alegría oximorona, con sed y alma. Como un acto lírico donde Rosa María de Alba puso voz a poemas y letras. ¡Cojones!, cuidado, te está dando un adrenalino épico. No conviene en prosa, dicen, los que dicen y no demuestran. Ah. La poesía muerta por la invasión de los bárbaros, los submediocres y los cucardas. Pues me va a dar. Me pongo a leer. Me dan sombra mis árboles. Me conviene ese estadio de la naturaleza. Porque estoy redescubriendo a un gran poeta, Antonio Bocanegra, compañero de Academia y de afectos, preocupado por el lenguaje, la música interna e intensa del lenguaje, en cada pensamiento que trabaja. Estoy leyendo Juan Ramón y yo, -memorias y ensoñación del burrito platero-, y en las evocaciones que hace Platero de la figura de Juan Ramón las palabras están unidas por cuasi aliteraciones intencionadas. La música interna de la frase te hace desear leer la siguiente. Sé que los juntaletras no entienden esto y que les puede sonar a suajili, en La Isla, suagili, vox nihili

"Cubría el pueblo todo más allá de la felpa, la risa y el habla y el andar del hombre, cada hoja era canto de savia dulce". Pronunciemos las sílabas y oiremos el bordón de las eles, las emes, las enes, sonando con esa suavidad melsa y suave de los grandes conciertos del oído.

Sin embargo, pienso que el libro conserva además de la música, el gran acierto de Juan Ramón, la atemporalidad y frescura del lenguaje, que sólo he visto después en Antonio y en Javier Sánchez Menéndez en su delicado Mediodía en Kensington Park, otro libro de música.

Laurence Durrell, a través de su personaje Pursewarden, además de aseverar que el verso libre no existe -pues lo que existe es la belleza en todas sus formas cuando se da-, asevera que "se podría ensayar un juego con un continuum, por cierto, que comprendiera no sólo un temps retrouvé sino también un temps delivré". Eso es Proust, y Juan Ramón, Juan Ramón, quien dijera que "toda su vida había perseguido una poesía autoincidente, un poema seguido, sin asunto concreto, sostenido sólo por la sorpresa, el ritmo, el hallazgo, la luz, la ilusión sucesiva, es decir por su esencia". Y diferenciaba la poesía y la prosa sólo por la rima. Pues eso es Juan Ramón y yo -memorias y ensoñación del burrito platero- de Antonio Bocanegra y este libro logra retornarnos a Platero a la inmortalidad del verso", desplazándose por el alambre tenso y trémulo de la carpa". Neobarroquismo y metáfora.

Verso puro, sin metapoetas ni redes sociales. Pura palabra musical al viento.

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