Por hacer negocio, hasta de la tristeza. Este siglo XXI no tiene desperdicio, nunca mejor dicho, todo se aprovecha, tiempos de ocasión, oiga, que lo pongo baratito. Así, como si toda la vida hubiéramos convivido con un calendario que tiene un nombre para cada día, hoy me sorprenden las noticias con que vivo en el Día más Triste del Año, ¡y yo con estos pelos! Fue una agencia de viajes quien promovió en 2005 esta ¿efemérides? a través del ¿estudio científico? de un psicólogo que detectó que el tercer lunes de enero era el día más triste del año. ¿Objetivo? Lanzar sus paquetes vacacionales como aliciente para que los tristes y arrecidos consumidores soñemos con la panacea del largo y cálido verano. El mercadeo de las emociones no tiene límite. Todo se compra, todo se vende, todo se utiliza, todo es aceptable en el juego de la oferta y la demanda. Y nosotros tan felices... O tan tristes.

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