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Rafael / Sánchez Saus

Benedicto ante el Sanedrín

Antes de llegar a Pilatos, a la flagelación y la cruz, Jesús tuvo que pasar el mal trago del Sanedrín, donde un pelota desalmado le arreó ya la primera bofetada -"¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote?"-. De allí, merced a acusaciones falsas, medias verdades y palabras fuera de contexto, salió condenado por blasfemo (hoy diríamos un delito de opinión), listo para ser arrojado al populacho fanatizado, ciego de odio.

Quizá porque el discípulo no puede esperar mejor suerte que el maestro, a Benedicto XVI lo van a llevar también, al menos en efigie, a nuestro Sanedrín de la carrera de San Jerónimo para que los diputados que son incapaces de resolver un solo problema real de este desgraciado país, le reprueben por unas palabras dichas total ahí al lado, en Camerún. Unas palabras que no sólo se falsean en su literalidad sino que se extraen del contexto en el que fueron pronunciadas: un viaje en el que el Papa denunció como nadie ha hecho hasta hoy las causas de la injusticia, la pobreza y la tiranía en África. La posición de Benedicto XVI sobre el SIDA está avalada por el compromiso incomparable de la Iglesia con quienes lo sufren en todo el mundo y por él éxito de las campañas de prevención que se inspiran en sus recomendaciones, pero ¿les importa eso a nuestros sanedritas? Si les importara, tendrían en cuenta la opinión de eminentes científicos expresada, por ejemplo, en Le Monde el pasado 10 de abril, en apoyo de las tesis vaticanas pero, no nos engañemos, de lo que se trata es de abofetear públicamente al Papa, entregarlo a las turbas y, sobre todo, una vez más, ofender y atemorizar a los católicos españoles.

Los sanedritas saben que no pueden callar a Benedicto XVI, lo que quieren es ver callados y en el rincón a los medrosos católicos españoles. Y para ello, como la experiencia enseña, nada mejor que montar de nuevo la acostumbrada escandalera mediática sobre una falsedad o media verdad y encrespar a una opinión pública deseosa de afirmarse en sus prejuicios. El resto es sólo aprovechamiento político. El provecho político que se desea con el espectáculo grotesco que prepara el Parlamento tiene que ver con el sucio presente español: ley de aborto libre, acoso a la libertad religiosa, cerco a la familia, expansión de la nueva pobreza, quiebra de la moral social, corrupción y triunfo de la oligarquía sobre las ruinas de la democracia. Si castigan al Papa por emitir su opinión en Camerún, ¿qué podemos esperar los cristianos españoles?, ¿qué debemos hacer? Todo menos callar y cegar las fuentes del diálogo. Parte de esa respuesta podremos oírla los gaditanos el viernes y sábado próximos en las II Jornadas "Católicos y Vida Pública" que organiza la Asociación Católica de Propagandistas. Porque la mayoría social de nuestro país no puede seguir muda y apaleada.

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