El catamarán

Rafael Navas / Rnavas@diariodecadiz.com

Belenes laicos

EL día de la Inmaculada es el momento elegido por muchas personas para montar el nacimiento o el belén en sus hogares. De momento, esta tradición se sigue en la intimidad y no en la clandestinidad, como algunos talibanes del laicismo desearían. Son los mismos que defienden la retirada de crucifijos en cualquier edificio público pero que hoy, mientras disfrutan plácidamente de un día de descanso porque en este país aconfesional la festividad de la Virgen es día no laborable, no reparan en que hay cientos, miles de nacimientos instalados en calles y plazas públicas, algunos de enormes dimensiones pagados por ayuntamientos gobernados por partidos de izquierda. Y que tenga cuidado el profesor de un colegio público al que se le ocurra montar un belén en clase aunque sea con figuritas de papel reciclado. Las incongruencias de nuestros días nos llevan también a organizar cabalgatas y nombrar reyes magos sin reparar en el enorme daño que les podemos estar causando, siguiendo la tesis de los crucifijos, a los pobres ciudadanos que profesan otras creencias religiosas o simplemente no creen en ningún Dios. Imagino a un budista, un mahometano o a un ateo pasando por delante de un belén instalado en una plaza pública. Debe ser terrible la agresión que sufren ante esa escena en la que una madre y un padre muestran a un recién nacido en un portal junto a una mula y un buey. Pero, siguiendo la lógica de la aconfesionalidad, los belenes en casa. Y las cabalgatas, por el pasillo de casa. Lo contrario es incongruente. "Es que es una tradición", dirán como excusa. Pues les recuerdo que el Señor del crucifijo es precisamente el Niño que aparece en "esa tradición". Otro día hablaremos de incongruencias y la Semana Santa.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios