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Los Beatles ya no se llevan

Hay reivindicaciones justas que caen en la exageración y muestran comportamientos similares a los que combaten

Es un tema delicado y muy sensible. En los últimos tiempos se ha instalado el discurso de que en todas las facetas de la vida debe de velarse por el cumplimiento de normas que garanticen la defensa de la pluralidad. Buena noticia porque es justo y necesario que todos y todas tengamos las mismas oportunidades no sólo en lo laboral, sino en la vida en general. Y es indiscutible que ser varón, heterosexual, blanco y occidental garantiza de entrada ventajas frente a quienes no lo son. Pero para que unos entren en el club de los elegidos, hay quien piensa y actúa tratando de de sustituir al lobby masculino, por el femenino; al heterosexual por el homosexual; al blanco por el de color; cuando de lo que se trata es de aumentar el tamaño de la libertad e igualdad de oportunidades para todos. Sí, en ocasiones ocurre que reivindicaciones justas caen en la exageración y finalizan con comportamientos similares a los que se pretende combatir.

Hace unos días, un grupo de cinco hombres trabajaban en la presentación de un proyecto que habían ideado, cuando una inteligente mujer les recriminó que entre ellos faltaba pluralidad ya que todos eran hombres. "A los Beatles" les sucedía lo mismo, contestó uno de ellos. Otro preguntó si debían ir a vender su idea, incluyendo cuotas femeninas, razas diferentes y distintas sensibilidades sexuales o religiosas. "También faltan jóvenes", añadió ella; "sois demasiado iguales", concluyó victoriosa. Alguien que asistía en silencio al animado debate, pensó que bajo los argumentos esgrimidos podría concluirse que nada mejor que dos jóvenes de buen verbo y mejor cuerpo, a poder ser siendo uno de ellos gay, para presentar el proyecto. Al menos sería una puesta en escena más plural y contemporánea que una protagonizada por cinco hombres similares.

El resto de la velada consistió en debatir sobre la importancia del marketing a la hora de vender un producto y la necesidad de rejuvenecer mensajes puesto que la sociedad actual no es igual que la de hace dos décadas. Entonces ¿con los nacidos hace más de 50 años, que hacemos? Cualquier experto en marketing aconsejará prescindir de ellos. Y, sin embargo, son los que más tiempo llevan estudiando cómo aprender a vivir. Y cuando más saben, nos desprendemos de ellos porque ya no se llevan. Como si la modernísima pluralidad construida con algoritmos garantizara la eterna juventud a quienes ni siquiera saben aún, que el único modo de vivir mucho tiempo consiste en envejecer.

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